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Wednesday, February 10, 2010

Saturday, February 06, 2010

Lamberto Ibarra Luna

Lamberto Ibarra Luna


“Mi vocación nació al ver la convivencia y la amistad que tenían mis maestros con los alumnos y la sociedad”.





Hace muchos años, en una escuela vespertina de Hermosillo, había un grupo de estudiantes que ningún maestro osaba atender. Era el 3ero. “C” y tenía fama de intratable, pues sus estudiantes, problemáticos y sin ganas aparentes de estudiar, alejaban cualquier intento de enderezar su derrotero. Cuando a esa escuela llegó un joven profesor que venía de atender escuelas rurales, con la experiencia de problemas distintos a los que se presentaban en el medio urbano, recibió la encomienda de hacerse cargo de ese terrible grupo. Las experiencias vividas en el tercero “C” de aquella escuela vespertina se han quedado empolvadas por el paso del tiempo, pero una historia tan intensa siempre sobrevive y ésta permanece intacta. Se trata de la historia del niño Martín López, hijo de una humilde vendedora de periódicos. Este niño era, quizá, el más problemático de todo el grupo. Su maestro descubrió muy pronto las razones de su comportamiento. En primer lugar, la soledad, pues pasaba gran parte del día sin cuidados: en segundo término, la falta de recursos y de motivación para salir adelante en sus estudios. Y mientras el pequeño Martín demostraba frustración peleando con otros niños, su joven profesor ideaba la forma de traerlo de vuelta al camino del aprendizaje.



No sin esfuerzo, el profesor y el niño se hicieron amigos. Tanto, que los fines de semana, a costa de sus días de descanso, el profesor visitaba a su estudiante a domicilio, para nivelarlo, y le compró los útiles escolares porque las condiciones humildes en que vivían Martín y su madre no les permitía costearlos. Muy pronto, el que era un niño problema se volvió estudiante regular.



Años más tarde, cuando ya los caminos de los dos se habían separado, el profesor hacía fila en el banco para cobrar un cheque. Sin saber por qué, de pronto, le indicaron que saliera de la fila pues el gerente del banco, en persona, le haría el trámite. Sorprendido, cuando el profesor tuvo delante suyo al gerente, vio delante de si a su antiguo estudiante, Martín López. Antes de que se diera cuenta, ambos, maestro y alumno, habían atravesado por una invaluable experiencia humana de generosidad y cariño incondicional, que trascendió los años y el olvido.



Al profesor Lamberto Ibarra Luna, con 41 años de servicio magisterial, le gusta mucho contar esta historia, sobre todo porque él mismo es el protagonista y debido a que resume bien, todo cuanto un buen maestro debe ser. No sólo eso, también en la historia del niño Martín encuentra ecos de su propia historia, pues fue a base de esfuerzos continuos que pasó de ser un maestro rural a convertirse en Supervisor de Zona, encargo que aún sigue ejerciendo con toda la vitalidad que le infunde el amor a la educación.



Y es con ese vigor, el cual trajo tanto bien a los alumnos que le tocaron en suerte durante sus años de maestro, que logró escalar posiciones en el magisterio, hasta cubrir cada una de las metas fijadas, a manera de motivación íntima. Por otra parte, su incansable interés por los niños, lo llevó a editar una antología de cuentos infantiles, y además, para no solo incidir como facilitador de materiales de lectura sino como un mediador de expresión, impulsó durante tres años la publicación del periódico “Los Niños Hablan”, en el que dio voz a las inquietudes de pequeños estudiantes que siempre tienen mucho que decir, aunque algunos adultos no se tomen el tiempo de escucharlos. De esta manera, utilizó también sus conocimientos de Lengua y Literatura Española para ofrecer a la comunidad infantil una salida a la efervescencia de sus ideas en ciernes y material de texto apropiado para que el acercamiento a la lectura no sea visto como un campo infecundo por las nuevas generaciones.



Lamberto sabe que ha cumplido su cometido en la vida, como maestro y como ser humano. El primer niño al que enseñó a escribir, ahora es ingeniero. El pequeño Martín, gerente de banco y hombre de bien. Y esto son sólo dos casos de los cientos de oportunidades que tiene un profesor a lo largo de su carrera, para hacer la diferencia entre un estudiante incomprendido, que no logra transitar los arduos caminos de la vida por la falta de un guía; pero de la mano de un protector que sabe sembrar confianza y valores en él, como es el caso del profesor Lamberto Ibarra Luna, es cuando el alumno consigue una vida luminosa, en la cual son aprovechados todos los potenciales presentes en el individuo.



LA SIG. INFORMACIÓN NO PERTENECE A EL TEXTO ANTERIOR, PERO CONSIDERAMOS IMPORTANTE SEÑALAR QUE EL PERIÓDICO “LOS NIÑOS HABLAN”, QUE IMPULSÓ EL PROFR. LAMBERTO, AÚN SE SIGUE EDITANDO EN ALGUNAS DE LAS ESCUELAS PERTENECIENTES A LA ZONA ESCOLAR 007, DE LA CUAL, ES SUPERVISOR.

ACTUALMENTE CUENTA CON 42 AÑOS DE SERVICIO Y HA CONTINUADO PROMOVIENDO LA CREACIÓN DE TEXTOS PARA SEGUIR IMPULSANDO EN LOS ALUMNOS Y DOCENTES EL GUSTO POR LA LECTURA Y ESCRITURA ASÍ COMO EL AMOR POR SU COMUNIDAD.

Thursday, February 04, 2010

EseElePé estará León Chavez Tixeiro

Banda, esta es una invitación muy especial... de verdad, por vez primera en EseElePé estará León Chavez Tixeiro un compositor que influye, como pocos, la canción de autor desde los ayeres hasta los ahoras y que ya pocas veces anda por México y menos aún por el interior. Ahora mismo presenta su disco “La Chava de la Martín Carrera” un tributo de buen@s rolas y buen@s roler@s que lo cantan (estará a la venta)… esta iniciativa, cabe decir, del Edén Coronado y un servidor, la teníamos en mente y persiguiendo al compañero León desde hace un par de años y como ahora resulta que se logra pues festejamos, con la buena voluntad del buen Pavel, en el Café Il Fatto este sábado a las 9:30 pm.




La banda que acompañará estas buenas rolas son L@s Profug@s del Casero (Josué Vergara, Katsica Mayoral, Gustavo Franco) Y eso no es todo, nuestro gran programa está ensalsado por el estimado Paco Barrios El Mastuerzo, Manuel Rodríguez, Porfirio Almazán y yo mero.



De verdad banda, no es cosa de todos los días, ojalá puedan asistir y si así fuera pues ahí nos vemos para pasarla bien. Un abrazo y hasta entonces.

Wednesday, February 03, 2010

Margarito Cuéllar

BALADA DE LA MUCHACHA ZANAHORIA


Por Margarito Cuéllar





…y esa mujer de larguísimas piernas

y rostro anguloso y voz recién salida del amor

o simplemente del humo de un cigarro…

JOSÉ CARLOS BECERRA



Crece con el verano de mi huerto, así responde al abono de mis huesos y al llamado del sol. Doble es el río que desborda sus ojos, plaga mía. Sabe a gelatina de frambuesa. A su cintura más de uno, infame turba, desearía enredarse como arbusto feliz. Esa mirada de muchacha con sed seguro la aprendió en un curso intensivo para secretarias. Quiere la suerte, marchantes en el mercado de la vida, el amor no se entienda en nosotros. Y se aleja mayúscula, inmortal, en su voleo de lunes por la tarde.







BALADAS A ESTUDIANTES QUE SE GRADÚAN

Por Margarito Cuéllar



¿Aprendieron el ABC del amor compartido?

¿Forjaron cigarros de marihuana

con su maestro de hermenéutica?

¿Qué dices, amor, de la embriaguez?

Háblenme si quieren,

mientras sus medias forman

viboritas en el piso

de teorías par el estudio del barroco,

del virus de la tristeza de los cítricos,

de monumentos a la lingüística aplicada.

¿Hicieron strip tis en el cuarto sediento

de un estudiante pobre?

¿Qué les dicen John Keats, Leonard Cohen

las mañanas de lluvia y Monterrey?

¿Aprendieron el braille del amor?

No me hablen de momias eruditas

de cursos intensivos o Gabriela Mistral,

no ahora que las hormigas

hacen un análisis semántico

en la textura de la piel.

Rosa de Facultad, licenciada en letras o en historia,

¿y el homogéneo fuego que sucede

en el rincón despierto de algún cine?

¿El diablo del deseo

las acosa en su potro de hierro?

¿Se encomiendan a San Juan de la Cruz?

¿Vuelan los aeroplanos de Huidobro

y las noches de hotel de San López Velarde?



Este calor ajeno que nos mata

junio ha de ser en su silbato loco.











POESÍA

Por Margarito Cuéllar



Loba chillona

exclusiva edecán de la belleza

rimbaudveloz,

apollinagua,

mallarluz.









BIBLIOTECAS

Por Margarito Cuéllar



Mi biblioteca no contiene libros, contiene saltos de agua

Risas océanos donde respira el mar,

heridas luminosas que se quiebran, líquida forma de interpretar el

[mundo.



Mi biblioteca no tiene enciclopedias

sólo nombres de países remotos

Ninguna Parte, Babel, Aucarimántima.



En mi biblioteca no hay diccionarios

sólo libros en blanco ilustrados por preguntas.



No hay en mi biblioteca joyas de la tipografía

y sí computadoras que piensan por nosotros.

Si buscan a Dante hallarán una hoguera.

Si aspiran a un Borges se apagarán las luces

y un laberinto lleva al jardín de los senderos que se bifurcan.

No se lamenten si los pisan cuando busquen en la K de Kafka.



En vez de las obras completas de Eliot

un nintendo Wii:

Nietszche y su Hermana se Divierten.

El Doctor Freud en el Diván de los Insomnes.



En mi biblioteca Frankistein toma sangre de soya

y el Marqués de Sade, arrodillado ante el amor

pide perdón por vivir la época equivocada.



En mi biblioteca no hay libros, sólo contenedores de sueños,

manuscritos sobre barras de hielo, obras selectas del fuego,

antologías del aire.





CIUDADES

Por Margarito Cuéllar



Quien visita mis ciudades

las halla fortificadas por murallas de sueños.



Comala: muertos emparientan con muertos,

resucitados con resucitados.



En Luvina el aire seca la memoria

y el sol protagoniza la opereta del diablo.



Gomorra: pasada la noche la rumba sigue:

pericos de alas falsas, ninfas en la niebla

nombres que japuestan al amor

la vida de un instante.



Sodoma: Placer esquina con Dolor.

Viajero, si vas de la región más transparente al Leteo

conserva este muestrario de capitales de bolsillo.

¿Qué fue de Troya y los últimos días de Pompeya?

¿Y Tunja, Ciudad de los Poetas?

¿Y Bogotá la Horrenda y México la Infame?



Planos de ciudades a las que el que entra no sale.

Migajones de pan devorados por las hormigas.

PAÍS

Por Margarito Cuéllar



Estábamos un poco nerviosos por la situación de la patria

y a diario dañábamos la capa protectora de los sueños.











SUEÑO DE LA PANTERA

Por Margarito Cuéllar



Las mujeres que sueñan con gigantes dan miedo. Siento que un día encarnarán en lo que sueñan y me darán trato de hormiga y tendré que subirme a un árbol para acariciarlas o usar zancos para robarles un beso. Si despiertan me pedirán que las dome. Prefiero las mujeres pequeñas a las que les acaricias el cuello y gimen con suavidad como si las ordeñas o les disparas con pistola de agua.



La casa de las mujeres breves es la nuez. La pantera lo sabe, se contrae, afila sus garras en mi corazón. Mi corazón volátil como los buenos días y las plumas de la felicidad.


Margarito Cuéllar es poeta, narrador y periodista originario de San Luis Potosí, México. Estudió periodismo y una maestría en artes en la Universidad Autónoma de Nuevo León. En 2003 obtuvo el premio de Poesía otorgado por Radio Francia Internacional. Sus libros de poemas más recientes son Estas calles de abril / Saga del Inmigrante, Aldus / Universidad Autónoma de Nuevo León, 2008. Arresto Domiciliario, Punta Umbría, España, 2007) y Noticias de Ninguna Parte, Conarte / Ayuntamiento de Santa Catarina, México, 2007. Autor del libro de cuentos Los riesgos del placer. Beneficiario del Programa de Apoyo y Fomento a Coinversiones Artísticas y Culturales del Fonca (1998-1999 y 2003-2004) y del Programa de Residencias Artísticas México-Colombia (1998-1999). Actualmente radica en la Ciudad de México.
  Gracias, Mijail Lamas