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Monday, May 31, 2010

OBRA DE OLIVERIO CORRALES














El tema central de mi obra es el ser humano, en particular, el sujeto andino, personaje al que continuamente trato de proyectar de manera positiva. Siendo este mi punto de enfoque, tengo especial cuidado en mostrar lo que para mí constituye la esencia del ser indígena ecuatoriano: su cultura milenaria, sus raíces ancestrales pasadas de generación en generación, su sabiduría, su sublime respeto a la madre tierra (Pacha Mama), y su nobleza y riqueza espiritual. Esta serie de atributos me ha impulsado a presentar a las mujeres y hombres andinos con la dignidad que caracteriza su porte y carácter interior. Tal así, que mi búsqueda es reconocer al individuo andino sin recurrir a percepciones exóticas que lo alejan del resto del mundo. Por el contrario, busco aprehender su figura esencial como persona, atributo a menudo distorsionado por su caracterización como algo extrínsico, ajeno y a veces como arrogante mistificación de los pueblos indígenas. En mi obra, el indígena ecuatoriano se proyecta a una audiencia más amplia y más conciente de los aspectos que unen a todas las culturas y credos bajo una misma rúbrica: su humanidad compartida con el mundo y los desafíos y experiencias de la vida diaria.


Para llegar a este objetivo, he iniciado mi trabajo partiendo del ámbito de lo real al plano estético del surrealismo. He hecho esto en parte porque considero que el lenguaje surrealista es un lenguaje universal tanto en el arte como en el sicoanálisis, elementos que facilitan la lectura de lo regional andino a un público cosmopolita. También permite que la audiencia asocie libremente al sujeto indígena con cualquier individuo en el mundo que encarne no solamente una tradición, sino una búsqueda humana e individual. La otra razón, es que el surrealismo expresa de manera más dimensionada lo que en Latinoamérica se conoce como “Surrealismo Mágico” que es una caracterización localista de lo mágico, mítico y cotidiano de la experiencia latinoamericana, en base a cuyos elementos se ha identificado mi obra.

En suma, son estas formas interpretativas las que han dado rienda suelta a mi imaginación sin que ello signifique una manipulación indiscriminada de lo que constituye el ser humano en esencia, a la vez que ofrezco una alternativa estética no tradicional y original en su proyección.


Publicado por victormanuelguzman@yahoo.com para EL NAVIO DEL ARTE

Wednesday, May 19, 2010

II ENCUENTRO NACIONAL DE POETAS JÓVENES DE MÉXICO "CARRUAJE DE PÁJAROS"



La Poesía MexicanaMay 17, 2010 at 1:56pm

  
II ENCUENTRO NACIONAL DE POETAS JÓVENES DE MÉXICO "CARRUAJE DE PÁJAROS"





OBJETIVO:

El II Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes de México “Carruaje De Pájaros” se realiza en esta segunda ocasión en homenaje al poeta Enoch Cancino Casahonda en las ciudades de Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de Las Casas del 21 al 22 de mayo de 2010, al que asistirán 38 jóvenes poetas de México y el estado de Chiapas.



El objetivo principal de este encuentro es el que la poesía joven se haga escuchar y el de estrechar entre los participantes lazos de amistad e intercambio de experiencias; así también para generar un diálogo y crear un foro nacional para la interrelación de los poetas invitados. Este evento tiene la intención de acercar la poesía al público en general, y generar y despertar el interés por la lectura de la literatura y en especial de la poesía.



PARTICIPANTES:

Los 38 autores participantes proceden de los siguientes estados: Guadalajara, Guanajuato, Oaxaca, San Luis Potosí, Veracruz, Yucatán, Tabasco, D.F., Estado de México, Tamaulipas, Yucatán, Sonora, Sinaloa, Durango, Chiapas y un invitado de la república de San Salvador. Cabe mencionar que la invitación se dio a través de un Consejo Editorial conformado por Fernando Trejo, Balam Rodrigo, Fabián Rivera, Luis Daniel Pulido y Jair Cortés, avalándose únicamente en el trabajo poético de cada representante sin dejar de tomar en cuenta la trayectoria literaria de cada uno.



ENCUENTRO:



Día: 21 de Mayo

Lugar: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Sede: Sala Amanda del Llano (Blvd. Ángel Albino Corzo, No. 2151 Col. San Roque, C.P. 29040) y La Casa Tomada (1ª norte entre 3ª y 4 oriente. Frente al CFE)





-Mañana-

12:00 horas / Sala Amanda del Llano



Inauguración por la Lic. Marvin Arriaga Córdova, Directora General del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas

Palabras de bienvenida por Fernando Trejo, Director General del Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes de México "Carruaje de Pájaros"



12:30 horas / Sala Amanda del Llano



Mesa 1 Homenaje al poeta Enoch Cancino Casahonda



Participan:

Poeta Socorro Trejo Sirvent

Escritor Mario Nandayapa

Periodista Sergio Emilio Espinoza

Video de Enoch Cancino Casahonda realizado por el videoasta Raúl Mendoza Vera



13:30 horas / Sala Amanda del Llano



Mesa 2 / Lectura de poemas

Eduardo Saravia

Karla Moreno Constantino

Iván Trejo

Álvaro Solís



Modera: Fernando Trejo

-Tarde-

17:00 horas / La Casa Tomada



Mesa 3 / Lectura de poemas

Nadia Escalante

Dalí Corona

Fabián Rivera

Aureliano Carvajal

Ameth Rivera



Modera: Paulina Conde



18:00 horas / La Casa Tomada



Mesa 4 / Lectura de poemas

René Morales

Judith Santopietro

Antonio Salinas Bautista

Abril Medina

Rodolfo Girón



Modera: Fabián Rivera



19:00 horas / La Casa Tomada



Mesa 5 / Lectura de poemas

Ángeles Navarro

Ingrid Solana

Rafael Mondragón

Víctor García Vázquez



Modera: Matza Maranto



20:00 horas La Casa Tomada



Mesa 6 / Presentación del libro Cuaderno de los sueños de Manuel Iris

Presentan: Fabián Rivera y Balam Rodrigo



Modera: Fernando Trejo



Día: 22 de mayo

Lugar: San Cristóbal de Las Casas

Sede: CEDUI de la UNICH (Calle Diego de Mazariegos #19, Planta Alta. Centro Histórico) y Bar La Catrina (Francisco I. Madero 35, Esquina con Av. Josefa Ortiz de Dominguez)

-Mañana-

12:00 horas CEDUI



Mesa 7 / Lectura de poemas

Mikeas Sánchez

Matza Maranto

Luis Téllez-Tejeda

Raúl Vázquez Espinosa

Amanda Cárdenas



Modera: Paulina Conde



13:00 horas / CEDUI



Mesa 8 / Lectura de poemas

Balam Rodrigo

Manuel Becerra Salazar

Víctor Argüelles

Eduardo de Gortari

Juan Carlos Cabrera Pons



Modera: Padua Karina



-Tarde-

18:00 horas / Bar La Catrina



Mesa 9 / Lectura de poemas

Mijail Lamas

Antonio Cienfuegos

Ulises Córdova

Manuel Parra Aguilar

Alí Calderón



Modera: Fabián Rivera



19:00 horas / Bar La Catrina



Mesa 10 / Lectura de poemas

Manuel Iris

Stephanie Alcántar

Claudia Morales

Lorena Ventura

Fernando Trejo



Modera: Padua Karina



20:00 horas / Bar La Catrina



Mesa 11 / Presentación de la antología El oro ensortijado

Presentan: Alí Calderón y Álvaro Solís

Modera: Fernando Trejo



Clausura por Fernando Trejo y Paulina Conde.

Saturday, May 15, 2010

Manuel R. Montes

A continuación presentamos un cuento de Manuel R. Montes (Zacatecas, 1981). Ha escrito las novelas Infinita sangre bajo nuestros túneles (Premio Nacional “Juan Rulfo” para Primera Novela 2007) y Llanto de Lisboa (Premio Nacional de Narrativa Joven “Salvador Gallardo Dávalos” 2009). Escribió el libro de relatos Loquios en el Fondo Editorial Tierra Adentro.





Kiosco



a Jair Cortés







Hoy, peleará.



A qué hora incalculable, con quién, persuadido por cuáles ofensas. Dónde… Yo no lo sabría si me lo preguntara. (No, no me lo preguntará porque no presiente aún el advenimiento del reto, lo cercano del puño sin misericordia que habrá de conjurar su cobardía, su iniciación en los meandros de lo brutal.)



Sé, dolorosamente, que hoy va a pelear.



O quizá peleará otro día, mañana, la semana próxima. O nunca. Pero no, todo aplazamiento es imposible y la Pelea se manifiesta temprano que tarde, como espectro invencible que concita en la sangre un alud de anguilas despavoridas. Sé, con angustia y rabia y con alborozo infanticida, que va a pelear y que no podré alterar nada ni debería nadie interponerse para impedir que lo provoquen, para evitar que su piel incube simultáneas a millones de insaciables hormigas en los poros, erupciones eléctricas meciéndolo, roble joven al que achispan los filos dentales de una tormenta que persistirá en rugir hasta incendiarlo.



(Pelearás. Lo sé porque no deseas pelear y porque no tendrás las agallas para enfrentarte. Lo sé porque no te presentarás a los citatorios capitales y postergarás con algo de poca astucia el principio del desenlace nunca prefijado en el que la mano enemiga y exacta te atajará con cálculo y surtirá los efectos sorpresivos de su intimidación, emergiendo de los ópalos secretos de un atajo por el cual hasta entonces no cruzaste y por el que todos han cruzado alguna vez y entre cuyos muros no ha incumplido jamás el que aguarda… Lo sé porque no lo sé, porque ignoro para qué tendrías que pelear, para qué y pelear de cualquier manera, irremediablemente.)



Aquellos que han peleado alguna vez saben de lo que hablo: quien es llamado a pelea y no es quien llama, sucumbe. Y a él lo han llamado. No. Todavía no lo llaman. O ha sido él quien convoca y codicia vencer y revertir sus fobias pero no, no, él no lograría consumarse victimario. La proeza se prolongaría lo que una furia renovada demorara en extraviarlo dentro de los otros, infames, inacabables laberintos de la ira.


Hoy peleará.



El incidente es tan abrumador como inevitable y no puede enunciarse con indolencia ni lástima fútil: hoy peleará y es innecesaria, absurda, la pelea; sin embargo, debe y no debe pelear: dos prisas inciertas le exigen apurar el siniestro y ralentizarlo. Tampoco sé que peleará ni lo sospecho, pero estoy convencido de que peleará como de la más indefectible de las verdades. Y él, sin palidecer ni resentir la inminencia del miedo, me inspira un miedo atroz, como si fuera a pelear contra mí, como si yo fuera a pelear contra mí mismo o él contra sí mismo y me tentara por cada uno de estos duelos hipotéticos la bajeza impersonal de congraciarme con el Oponente.



Sé con desconsuelo y con amor inmensurable y sé que se me juzgaría vil porque sé, con espanto, que peleará; y prefiguro las agrias minucias. Sé que en torno a sus sentidos expuestos a la gravitación del pánico, una estampida de demonios bramando en círculos hará jirones su primer reflejo auténtico y conciente de defensa, y sé que no podrá más que dejarse amotinar, crucificado.



Me atenacea la esperanza –una esperanza, más bien, hipócrita– de que lo envenene la toxina que destilarán sus venas incontenibles y de que apronte un cabezazo, encaje un codo, una rodilla, pues el eco del arrastre de un íntimo lagarto estrellará el espejo de sus nervios al menor titubeo y sé que la maquinaria rotunda del retador aproximándose lo hará pedazos a cada guiño, aun sin tocarlo.



No se dará cuenta de que pelea. (Los que han peleado alguna vez habrán de recordar que no recuerdan sino fragmentos inconexos de un colapso que enturbia la totalidad de las especulaciones de la memoria.) No sabrá que el par de brazos suyos obedeciendo un precepto de gimnasia inaprehendida intentarán, torpes, en sus evoluciones lánguidas y natatorias, contrarrestar la desenvoltura predadora, casi panorámica, del pura sangre que lo derrote. Contemplará con la indiferencia y el pavor sumiso de un condenado, desde un silencio a la deriva, desde un silencio, de madera hueca, quemada, sus tácticas improvisadas para esquivar, sus de pronto ágiles tobillos manteniendo un equilibrio parecido al de los tallos del centeno cuando no los arranca una ventisca frenética.



Se juzgará poderoso y ciego y los códigos de sufrimiento emitidos por el oleaje de brasas dentro de su masa encefálica desaparecerán como hielos inmediatos. No sabrá qué hacer con el furor amargo que le contagien y neutralizará sus apetitos de violencia. Optará por la inmovilidad o la farsa. Fingirá que pelea y se desenvolverá de acuerdo a las expectativas del sicario tenaz y esperará con paciencia y vértigo indisociables a que un último contacto, a que un derramamiento cinematográfico de sangre signen la saña.



Y al distinguir, de reojo, a un difuso transeúnte, columbrará con un sentido de captación prodigiosa el momento en el que detenga el paso para consultar su reloj de pulsera mientras, ya derribado, un puntapié en la mandíbula disipe su anhelo de que el desconocido se apreste a compadecerse y dé por terminada, con amenazas elocuentes y aspavientos de filántropo maduro, la férrea golpiza.



Luego no querrá ponerse de pie, se engañará creyendo que ya no lo soporta y estará convencido a un tiempo de que es capaz de soportar más, en tanto el verdugo decida allanar los límites de su pasiva resistencia. (Quienes han peleado saben que la vocación del cuerpo para el daño es adictiva.)



Pero también sé, con absoluta perplejidad y abatido por el reflujo que me aprisiona en el vértigo de las contradicciones, que se levantará vuelto una criatura distinta…



…y prefiguro las agrias minucias…

 
…de la hora indefinida…



(Pelearás a eso de los tres versos de la melodía que musite tu madre en la cocina, justo en el instante en que seque la tersura de sus manos en la punta impecable del delantal, cuando, afeada y pálida, como nunca la imaginarías, interrumpa su arrullo impersonal y contraiga una mueca de disgusto y náusea, al confundir el tufo de un condimento vertido apenas en el guiso con la peste repentina de una muerta rata negra, endurecida bajo los pilotos encendidos de la estufa, o más abajo, yerta y pesada sobre la alfombra de inmundos hollines con que se atavían los insectos.)


     

…del enemigo…


(Pelearás ante un coloso uniformado, de medidas y proporciones incomprensibles. Menor o mayor que tú. Más fuerte o más débil. Exponencial o miserable. Su estatura irrisoria o monstruosa te velará el retrato de las facciones. Demasiado alto, demasiado diminuto. Nada, nadie. O la totalidad encarnada de la fuerza sin amarras. Un gigante a escala de tus traumas. No sabrás configurar su apariencia luego de la afanosa tortura. Un orgullo metalúrgico, cicatrizando heridas, lo tornará olvidable. Pero él se acordará de ti a perpetuidad. Se acuerda de ti ahora y te abomina. Lo hayas o no descoyuntado. Si lo humillaste al dominarlo: si lo humillaste al permitir que te dominara. Desde la proliferación de sus nidos de venganza o desde las tracciones temperamentales de su arrepentimiento. No acortarán sus ondas de rabia los imanes que fundió para detestarte.)

 

…de la causa…

  
(Pelearás porque naciste. Un perseguidor anónimo determinó que tu aire lo asfixiaba como el más irrespirable de los miasmas, que tus desplazamientos a capricho contaminaban su cuarta dimensión, que tus latidos lo aturdían, agudísimos torzones de vaca enferma, hasta desquiciarlo. Porque tu rostro es deslumbrante o grotesco. Tus ojos pardos o lacustres, matutinos. Porque tu voz embravece los ríos de óxido biliar que se le arremolinan en las sienes. Porque pronuncias tu nombre. Porque pronuncias tu nombre cuando, sin tú saberlo, afila sus olfatos y entonces le apeteces. Porque eres repulsivo, deseable. Porque lo ignoras y no cejará en demostrarte que la sombra es una planta mortífera que se retuerce, ávida, si la desdeñas. Porque te ha observado sonreír y tu hilera de frontales semeja el muro que implora desmembrar con sus herramientas instintivas.)


 

…del sitio…



(Pelearás en la periferia de la soledad, adonde no arriban bienhechores. Un paraje que atestan edificios inhóspitos, perforados, que han de absorber los ecos de tu alarido y de tu llanto elemental en las angustias de requerir auxilio. Desembocará el bullicioso cortejo en un kiosco de cantera ennegrecida al que acudirán decenas de escolares, para vitorear la mutilación. En los baldíos al rojo de una coordenada insalubre que extraviará tu caminata de reo. (Ahí pelearás.) Donde no haya brisa que sofoque los apabullantes zarpazos caniculares. Te atisbará, cenital, la muchedumbre, impregnado de sudores copiosos y convulsiones daltónicas de las que burilan un fulgor conmiserativo en las retinas de toda víctima insalvable… Bajo las sábanas húmedas de tu cama, en tus escondites fallidos y en la guarida secreta que juraste invisible, en el ángulo habitual de tu alcoba, destinado a las lecciones y los escarmientos, en las minuciosas encrucijadas de la pesadilla que no desarticula el tiempo y frente al espejo infiel de la pared, cabizbajo, de espaldas al sempiterno castigador, ahogado, a contracorriente, en los veneros del alma propia que se sabe aborrecida.)


* * *




Conversaremos en el transcurso de ida sobre los novedosos aromas del forro traslúcido de sus cuadernos a rayas, sobre la inútil fastuosidad de las serpentinas multicolores que excretó su lento sacapuntas y sobre el espacio conveniente, geométrico, de su amplia mochila, a la cual compararemos con una lámpara de genio, con un sombrero mágico…



En el transcurso de vuelta guardaremos silencio… porque sé, anticipadamente sé, con jactancia y malevolencia, afrontando el quebranto de mi costilla paternal inficionada… lo sé y sé que, de no ocurrir lo que pronostico, mi desilusión fulminará el pacifismo vacilante al que me allego en circunstancias críticas… Con resentimiento y acuciosa felicidad, con alevosía y cinismo, espíritu pedagógico y satisfacción indecible… sé que hoy, virginal y huérfano, desventajosamente huérfano, huérfano, huérfano, peleará…

       

Datos vitales



Manuel R. Montes (Zacatecas, 1981). Licenciado en Letras por la UAZ. Autor de El inconcluso decaedro y otros relatos (FECAZ, 2003), traducido parcialmente al inglés por Toshiya Kamei; Loquios (FETA, 2008), en proceso de traducción al portugués por Sergio Molina; Infinita sangre bajo nuestros túneles (Premio Nacional “Juan Rulfo” para Primera Novela 2007) y Llanto de Lisboa (Premio Nacional de Narrativa Joven “Salvador Gallardo Dávalos” 2009). Dirigió durante cuatro años La Cabeza del Moro, revista literaria del IZC, y ha publicado prosas narrativas en México, Venezuela, Estados Unidos e Inglaterra. Actualmente cursa la Maestría en Literatura Mexicana en la BUAP y coedita el sitio de narrativa “Portal de Soares”, de la revista Círculo de Poesía.

Friday, May 07, 2010

Fernando Trejo

 


A DÓNDE DIRIGIR LOS PASOS si en tu habitación queda flotando el aire, inmóvil, silencioso. A dónde estas palabras para inundar los ojos. Cuánto pesa la ausencia Carolina. Llegar hasta el delirio de atrapar la noche sin contar estrellas, fumarse una constelación de llanto en la ventana; ahí, donde al voltear la vista, no hay más que una sola soledad haciéndote la cama.






por Fernando Trejo



PERO SE VA LA MUJER a las doce del día. Y es que deja todo el baile del tiempo bajo la sed del agua. No se preocupa la maligna mujer por el dolor que causa en la garganta. Como si un ave de rapiña picoteara el corazón.



por Fernando Trejo



CUANDO NO LA CONOZCO abro la voz de su recuerdo. Dejo instalarse en mi cabeza cada parte suya como para olvidar que existe algún olvido. En esa claridad de sus pisadas le siguen mis palabras versificando sus labios. Paso a paso mis pies siguen el peso de su ausencia, la sostengo entre las manos y toda se me escapa, toda ella se me escurre, toda se me va y me la pierdo.





por Fernando Trejo



CUANDO NO LA CONOZCO, al caminar mis pies van como al remar mis manos, buscando cada huella o partícula de algún recuerdo suyo. Por las aceras su rostro se dibuja en cada insospechada sombra y pienso en sus ojitos pardos que me iluminan todo. Entre los charcos ella sale de repente a lloviznar mi espalda y se me esparce un aguacero en cada músculo que aprieto, aquí en el corazón.





por Fernando Trejo



LLEGASTE MUJER de entre mis versos a salivar mis ojos. Así de pronto tu voz partió mi corazón – como el hachazo al árbol de mi infancia -, y el incoloro vuelco de tus párpados hacia los míos, invalidó cualquier retardo a la agonía y nos dejamos entre lágrimas, derramar gota por gota, mi corazón y yo.







PLEGARIA DEL QUE CAE

por Fernando Trejo



para Alejandra Rincón





Que caiga lo que tenga que caer.

Que desaparezcan, pues, todos los mares y los cielos,

que el mundo, inabarcable, desahucie toda gloria.

Que vengan las penas

y los árboles lloren cayendo de rodillas.

Que vengan, pues, todos los demonios a socavar la ira,

la nuestra paz insuficiente.



Que caiga lo que tenga que caer.

Los mares lloviendo boca abajo.

Ah! que mis pulmones rotos se contraigan y exploten;

y triste en su trayecto esté mi corazón de prisa y se derrumbe.



Que caiga, pues, lo que tenga que caer y ceda entonces la desdicha

tan calambre en las costillas, en la garganta asfixia de mis horas,

en la pesadez de mis manos sosteniendo los muros de mi estatua.

Ah! que si mi nombre fuera tal vez otro, la comezón de tus labios

produciría a diario un ritmo cabizbajo que yo levantaría.

Que se desgajen, pues, mis hombros, porque ha de haber un sol

detrás de esta hojarasca gris que me sostiene.



Que caiga lo que tenga que caer. La vida de los hombres sobre la tierra,

la de los más pequeños y los grandes,

de los que no existimos,

de los que han estado siempre en la boca de los dioses.

Que caiga el viento y resplandezca el velo de las novias que han de

caer también de amor a los abismos

y que los ríos y las montañas caigan

y desaparezcan.

Que caiga el cielo, pues, con mi Dios

y que mi Dios

caiga arrastrándome con él.



Pero, Alejandra, tu voz jamás ha de caer, ni tus caderas,

ni esas tus manos frías y tu temblor elástico.

Que caiga lo que tenga que caer

pero no esa tu voz, ni tu sonrisa,

ni esos tus ojos tan ametralladora, ni ese tu caminar

al que denuncio y oro.



Y, Alejandra,

que no caigan jamás tus pies

de los que yo he de detenerme al ir cayendo.







(CINCO)

por Fernando Trejo



En quinto grado de primaria un cigarrillo apunta a los ojos de una iguana en el zoológico. El color verde combinado con el amarillo explota con el agua. Y es que el agua viene vomitándonos a lados más sublimes y lloramos y caemos. Les juro que caemos al océano donde habita el señor de los mareros. Les juro que ahí espera con su abierta boca a convidarnos de la vida.







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FERNANDO TREJO. (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. 1985). Lic. en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Actor, pintor y escribe cuento, poesía. Ha publicado Circuito Amor (Morelia, 2002); Raíces de un sueño (Tuxtla Gtz., 2002); Por las mujeres, hermanos, escribamos (Tuxtla Gtz., 2005); ¿A dónde van las palabras? (Toluca, 2006) y Alba por los caminos (Tuxtla Gtz., 2006). Coeditor de Antología Arbitraria de Poetas Jóvenes de Chiapas (Tuxtla Gtz., 2005), Porque algún día faltarán cuentos. Antología (otra) del cuento joven en Chiapas (Yajalón, 2007) y Cuaderno Invertebrado (Tuxtla Gtz., 2009) Ha publicado en las revistas Alforja, Punto de Partida, Arteria, Albatros y Parva y en varias antologías del país. Aparece en El vértigo de los aires. Muestra de poetas nacidos en la década de 1980 de la revista Alforja, en “Del silencio hacia la luz: mapa poético de México. Poetas nacidos en el período 1960-1989 Vol. I Ediciones Sur Catarsis Literaria El Drenaje y en “Trece poetas de Chiapas: 1970 – 1986” (Punto de Partida, UNAM). Becario en los períodos 2004-2005 y 2007-2008 por el PECDA en el área de poesía. Obtuvo los Juegos Florales San Marcos en el 2006, el Premio Municipal de la Juventud 2007 en el área de Actividades Productivas, el PACMYC 2008 y el Premio Regional de Poesía Ydalio Huerta Escalante 2008. Ha escrito y dirigido varios cortometrajes.
 
La Poesía Mexicana May 6, 2010 at 9:45am


Asunto: Siete poemas de FERNANDO TREJO

por Fernando Trejo

Monday, May 03, 2010

Piedra de Sol, Octavio Paz

Piedra de sol















un sauce de cristal, un chopo de agua,


un alto surtidor que el viento arquea,


un árbol bien plantado mas danzante,


un caminar de río que se curva,


avanza, retrocede, da un rodeo


y llega siempre:


un caminar tranquilo


de estrella o primavera sin premura,


agua que con los párpados cerrados


mana toda la noche profecías,


unánime presencia en oleaje,


ola tras ola hasta cubrirlo todo,


verde soberanía sin ocaso


como el deslumbramiento de las alas


cuando se abren en mitad del cielo,






un caminar entre las espesuras


de los días futuros y el aciago


fulgor de la desdicha como un ave


petrificando el bosque con su canto


y las felicidades inminentes


entre las ramas que se desvanecen,


horas de luz que pican ya los pájaros,


presagios que se escapan de la mano,






una presencia como un canto súbito,


como el viento cantando en el incendio,


una mirada que sostiene en vilo


al mundo con sus mares y sus montes,


cuerpo de luz filtrada por un ágata,


piernas de luz, vientre de luz, bahías,


roca solar, cuerpo color de nube,


color de día rápido que salta,


la hora centellea y tiene cuerpo,


el mundo ya es visible por tu cuerpo,


es transparente por tu transparencia,






voy entre galerías de sonidos,


fluyo entre las presencias resonantes,


voy por las transparencias como un ciego,


un reflejo me borra, nazco en otro,


oh bosque de pilares encantados,


bajo los arcos de la luz penetro


los corredores de un otoño diáfano,






voy por tu cuerpo como por el mundo,


tu vientre es una plaza soleada,


tus pechos dos iglesias donde oficia


la sangre sus misterios paralelos,


mis miradas te cubren como yedra,


eres una ciudad que el mar asedia,


una muralla que la luz divide


en dos mitades de color durazno,


un paraje de sal, rocas y pájaros


bajo la ley del mediodía absorto,






vestida del color de mis deseos


como mi pensamiento vas desnuda,


voy por tus ojos como por el agua,


los tigres beben sueño en esos ojos,


el colibrí se quema en esas llamas,


voy por tu frente como por la luna,


como la nube por tu pensamiento,


voy por tu vientre como por tus sueños,






tu falda de maíz ondula y canta,


tu falda de cristal, tu falda de agua,


tus labios, tus cabellos, tus miradas,


toda la noche llueves, todo el día


abres mi pecho con tus dedos de agua,


cierras mis ojos con tu boca de agua,


sobre mis huesos llueves, en mi pecho


hunde raíces de agua un árbol líquido,






voy por tu talle como por un río,


voy por tu cuerpo como por un bosque,


como por un sendero en la montaña


que en un abismo brusco se termina,


voy por tus pensamientos afilados


y a la salida de tu blanca frente


mi sombra despeñada se destroza,


recojo mis fragmentos uno a uno


y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,






corredores sin fin de la memoria,


puertas abiertas a un salón vacío


donde se pudren todos los veranos,


las joyas de la sed arden al fondo,


rostro desvanecido al recordarlo,


mano que se deshace si la toco,


cabelleras de arañas en tumulto


sobre sonrisas de hace muchos años,






a la salida de mi frente busco,


busco sin encontrar, busco un instante,


un rostro de relámpago y tormenta


corriendo entre los árboles nocturnos,


rostro de lluvia en un jardín a oscuras,


agua tenaz que fluye a mi costado,


busco sin encontrar, escribo a solas,


no hay nadie, cae el día, cae el año,


caigo con el instante, caigo a fondo,


invisible camino sobre espejos


que repiten mi imagen destrozada,


piso días, instantes caminados,


piso los pensamientos de mi sombra.


piso mi sombra en busca de un instante,






busco una fecha viva como un pájaro,


busco el sol de las cinco de la tarde


templado por los muros de tezontle:


la hora maduraba sus racimos


y al abrirse salían las muchachas


de su entraña rosada y se esparcían


por los patios de piedra del colegio,


alta como el otoño caminaba


envuelta por la luz bajo la arcada


y el espacio al ceñirla la vestía


de una piel más dorada y transparente,






tigre color de luz, pardo venado


por los alrededores de la noche,


entrevista muchacha reclinada


en los balcones verdes de la lluvia,


adolescente rostro innumerable,


he olvidado tu nombre, Melusina,


Laura, Isabel, Perséfona, María,


tienes todos los rostros y ninguno,


eres todas las horas y ninguna,


te pareces al árbol y a la nube,


eres todos los pájaros y un astro,


te pareces al filo de la espada


y a la copa de sangre del verdugo,


yedra que avanza, envuelve y desarraiga


al alma y la divide de sí misma,






escritura del fuego sobre el jade,


grieta en la roca, reina de serpientes,


columna de vapor, fuente en la peña,


circo lunar, peñasco de las águilas,


grano de anís, espina diminuta


y mortal que da penas inmortales,


pastora de los valles submarinos


y guardiana del valle de los muertos,


liana que cuelga del cantil del vértigo,


enredadera, planta venenosa,


flor de resurrección, uva de vida,


señora de la flauta y del relámpago,


terraza del jazmín, sal en la herida,


ramo de rosas para el fusilado,


nieve en agosto, luna del patíbulo,


escritura del mar sobre el basalto,


escritura del viento en el desierto,


testamento del sol, granada, espiga,






rostro de llamas, rostro devorado,


adolescente rostro perseguido


años fantasmas, días circulares


que dan al mismo patio, al mismo muro,


arde el instante y son un solo rostro


los sucesivos rostros de la llama,


todos los nombres son un solo nombre,


todos los rostros son un solo rostro,


todos los siglos son un solo instante


y por todos los siglos de los siglos


cierra el paso al futuro un par de ojos,






no hay nada frente a mí, sólo un instante


rescatado esta noche, contra un sueño


de ayuntadas imágenes soñado,


duramente esculpido contra el sueño,


arrancado a la nada de esta noche,


a pulso levantado letra a letra,


mientras afuera el tiempo se desboca


y golpea las puertas de mi alma


el mundo con su horario carnicero,






sólo un instante mientras las ciudades,


los nombres, los sabores, lo vivido,


se desmoronan en mi frente ciega,


mientras la pesadumbre de la noche


mi pensamiento humilla y mi esqueleto,


y mi sangre camina más despacio


y mis dientes se aflojan y mis ojos


se nublan y los días y los años


sus horrores vacíos acumulan,






mientras el tiempo cierra su abanico


y no hay nada detrás de sus imágenes


el instante se abisma y sobrenada


rodeado de muerte, amenazado


por la noche y su lúgubre bostezo,


amenazado por la algarabía


de la muerte vivaz y enmascarada


el instante se abisma y penetra,


como un puño se cierra, como un fruto


que madura hacia dentro, echa raíces,


crece dentro de mí, me ocupa todo,


me expulsa el follaje delirante,


mis pensamientos sólo son sus pájaros


su mercurio circula por mis venas,


árbol mental, frutos sabor de tiempo,






oh vida por vivir y ya vivida,


tiempo que vuelve en una marejada


y se retira sin volver el rostro,


lo que pasó no fue pero está siendo


y silenciosamente desemboca


en otro instante que se desvanece:






frente a la tarde de salitre y piedra


armada de navajas invisibles


una roja escritura indescifrable


escribes en mi piel y esas heridas


como un traje de llamas me recubren,


ardo sin consumirme, busco el agua


y en tus ojos no hay agua, son de piedra,


y tus pechos, tu vientre, tus caderas


son de piedra, tu boca sabe a polvo,


tu boca sabe a tiempo emponzoñado,


tu cuerpo sabe a pozo sin salida,


pasadizo de espejos que repiten


los ojos del sediento, pasadizo


que vuelve siempre al punto de partida,


y tú me llevas ciego de la mano


por esas galerías obstinadas


hacia el centro del círculo y te yergues


como un fulgor que se congela en hacha,


como luz que desuella, fascinante


como el cadalso para el condenado,


flexible como el látigo y esbelta


como un arma gemela de la luna,


y tus palabras afiladas cavan


mi pecho y me despueblan y vacían,


uno a uno me arrancas los recuerdos,


he olvidado mi nombre, mis amigos


gruñen entre los cerdos o se pudren


comidos por el sol en un barranco,






no hay nada en mí sino una larga herida,


una oquedad que ya nadie recorre,


presente sin ventanas, pensamiento


que vuelve, se repite, se refleja


y se pierde en su misma transparencia,


conciencia traspasada por un ojo


que se mira mirarse hasta anegarse


de claridad:


yo vi tu atroz escama,


melusina, brillar verdosa al alba,


dormías enroscada entre las sábanas


y al despertar gritaste como un pájaro


y caíste sin fin, quebrada y blanca,


nada quedó de ti sino tu grito,


y la cabo de los siglos me descubro


con tos y mala vista, barajando


viejas fotos:


no hay nadie, no eres nadie,


un montón de ceniza y una escoba,


un cuchillo mellado y un plumero,


un pellejo colgado de unos huesos,


un racimo ya seco, un hoyo negro


y en el fondo del hoy los dos ojos


de una niña ahogada hace mil años,






miradas enterradas en un pozo,


miradas que nos ven desde el principio,


mirada niña de la madre vieja


que ve en el hijo grande su padre joven,


mirada madre de la niña sola


que ve en el padre grande un hijo niño,


miradas que nos miran desde el fondo


de la vida y son trampas de la muerte


—¿o es al revés: caer en esos ojos


es volver a la vida verdadera?,






¡caer, volver, soñarme y que me sueñen


otros ojos futuros, otra vida,


otras nubes, morirme de otra muerte!


—esta noche me basta, y este instante


que no acaba de abrirse y revelarme


dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,


cómo me llamo yo:


¿hacía planes


para el verano —y todos los veranos—


en Christopher Street, hace diez años,


con Filis que tenía dos hoyuelos


donde veían luz los gorriones?,


¿por la Reforma Carmen me decía


"no pesa el aire, aquí siempre es octubre",


o se lo dijo a otro que he perdido


o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?,


¿caminé por la noche de Oaxaca,


inmensa y verdinegra como un árbol,


hablando solo como el viento loco


y al llegar a mi cuarto –siempre un cuarto—


no me reconocieron los espejos?,


¿desde el hotel Vernet vimos al alba


bailar con los castaños — “ya es muy tarde”


decías al peinarte y yo veía


manchas en la pared, sin decir nada?,


¿subimos juntos a la torre, vimos


caer la tarde desde el arrecife?,


¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos


gardenias en Perote?,


nombres, sitios,


calles y calles, rostros, plazas, calles,


estaciones, un parque, cuartos solos,


manchas en la pared, alguien se peina,


alguien canta a mi lado, alguien se viste,


cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos,






Madrid, 1937,


en la Plaza del Ángel las mujeres


cosían y cantaban con sus hijos,


después sonó la alarma y hubo gritos,


casas arrodilladas en el polvo,


torres hendidas, frentes escupidas


y el huracán de los motores, fijo:


los dos se desnudaron y se amaron


por defender nuestra porción eterna,


nuestra ración de tiempo y paraíso,


tocar nuestra raíz y recobrarnos,


recobrar nuestra herencia arrebatada


por ladrones de vida hace mil siglos,


los dos se desnudaron y besaron


porque las desnudeces enlazadas


saltan el tiempo y son invulnerables,


nada las toca, vuelven al principio,


no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,


verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,


oh ser total...


cuartos a la deriva


entre ciudades que se van a pique,


cuartos y calles, nombres como heridas,


el cuarto con ventanas a otros cuartos


con el mismo papel descolorido


donde un hombre en camisa lee el periódico


o plancha una mujer; el cuarto claro


que visitan las ramas del durazno;


el otro cuarto: afuera siempre llueve


y hay un patio y tres niños oxidados;


cuartos que son navíos que se mecen


en un golfo de luz; o submarinos:


el silencio se esparce en olas verdes,


todo lo que tocamos fosforece;


mausoleos del lujo, ya roídos


los retratos, raídos los tapetes;


trampas, celdas, cavernas encantadas,


pajareras y cuartos numerados,


todos se transfiguran, todos vuelan,


cada moldura es nube, cada puerta


da al mar, al campo, al aire, cada mesa


es un festín; cerrados como conchas


el tiempo inútilmente los asedia,


no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio,


abre la mano, coge esta riqueza,


corta los frutos, come de la vida,


tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!,






todo se transfigura y es sagrado,


es el centro del mundo cada cuarto,


es la primera noche, el primer día,


el mundo nace cuando dos se besan,


gota de luz de entrañas transparentes


el cuarto como un fruto se entreabre


o estalla como un astro taciturno


y las leyes comidas de ratones,


las rejas de papel, las alambradas,


los timbres y las púas y los pinchos,


el sermón monocorde de las armas,


el escorpión meloso y con bonete,


el tigre con chistera, presidente


del Club Vegetariano y la Cruz Roja,


el burro pedagogo, el cocodrilo


metido a redentor, padre de pueblos,


el Jefe, el tiburón, el arquitecto


del porvenir, el cerdo uniformado,


el hijo predilecto de la Iglesia


que se lava la negra dentadura


con el agua bendita y toma clases


de inglés y democracia, las paredes


invisible, las máscaras podridas


que dividen al hombre de los hombres,


al hombre de sí mismo,


se derrumban


por un instante inmenso y vislumbramos


nuestra unidad perdida, el desamparo


que es ser hombres, la gloria que es ser hombres


y compartir el pan, el sol, la muerte,


el olvidado asombro de estar vivos;






amar es combatir, si dos se besan


el mundo cambia, encarnan los deseos,


el pensamiento encarna, brotan alas


en las espaldas del esclavo, el mundo


es real y tangible, el vino es vino,


el pan vuelve a saber, el agua es agua,


amar es combatir, es abrir puertas,


dejar de ser fantasma con un número


a perpetua cadena condenado


por un amo sin rostro;


el mundo cambia


si dos se miran y se reconocen,


amar es desnudarse de los nombres:


"déjame ser tu puta", son palabras


de Eloísa, mas él cedió a las leyes,


la tomó por esposa y como premio


lo castraron después;


mejor el crimen,


los amantes suicidas, el incesto


de los hermanos como dos espejos


enamorados de su semejanza,


mejor comer el pan envenenado,


el adulterio en lechos de ceniza,


los amores feroces, el delirio,


su yedra ponzoñosa, el sodomita


que lleva por clavel en la solapa


un gargajo, mejor ser lapidado


en las plazas que dar vuelta a la noria


que exprime la sustancia de la vida,


cambia la eternidad en horas huecas,


los minutos en cárceles, el tiempo


en monedas de cobre y mierda abstracta;






mejor la castidad, flor invisible


que se mece en los tallos del silencio,


el difícil diamante de los santos


que filtra los deseos, sacia al tiempo,


nupcias de la quietud y el movimiento,


canta la soledad en su corola,


pétalo de cristal es cada hora,


el mundo se despoja de sus máscaras


y en su centro, vibrante transparencia,


lo que llamamos Dios, el ser sin nombre,


se contempla en la nada, el ser sin rostro


emerge de sí mismo, sol de soles,


plenitud de presencias y de nombres;






sigo mi desvarío, cuartos, calles,


camino a tientas por los corredores


del tiempo y subo y bajo sus peldaños


y sus paredes palpo y no me muevo,


vuelvo adonde empecé, busco tu rostro,


camino por las calles de mí mismo


bajo un sol sin edad, y tú a mi lado


caminas como un árbol, como un río,


creces como una espiga entre mis manos,


lates como una ardilla entre mis manos,


vuelas como mil pájaros, tu risa


me ha cubierto de espumas, tu cabeza


es un astro pequeño entre mis manos,


el mundo reverdece si sonríes


comiendo una naranja,


el mundo cambia


si dos, vertiginosos y enlazados,


caen sobre la yerba: el cielo baja,


los árboles ascienden, el espacio


sólo es luz y silencio, sólo espacio


abierto para el águila del ojo,


pasa la blanca tribu de las nubes,


rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,


perdemos nuestros nombres y flotamos


a la deriva entre el azul y el verde,


tiempo total donde no pasa nada


sino su propio transcurrir dichoso,






no pasa nada, callas, parpadeas


(silencio: cruzó un ángel este instante


grande como la vida de cien soles),


¿no pasa nada, sólo un parpadeo?


—y el festín, el destierro, el primer crimen,


la quijada del asno, el ruido opaco


y la mirada incrédula del muerto


al caer en el llano ceniciento,


Agamenón y su mugido inmenso


y el repetido grito de Casandra


más fuerte que los gritos de las olas,


Sócrates en cadenas (el sol nace,


morir es despertar: "Critón, un gallo


a Esculapio, ya sano de la vida"),


el chacal que diserta entre las ruinas


de Nínive, la sombra que vio Bruto


antes de la batalla, Moctezuma


en el lecho de espinas de su insomnio,


el viaje en la carreta hacia la muerte


—el viaje interminable mas contado


por Robespierre minuto tras minuto,


la mandíbula rota entre las manos—,


Churruca en su barrica como un trono


escarlata, los pasos ya contados


de Lincoln al salir hacia el teatro,


el estertor de Trotsky y sus quejidos


de jabalí, Madero y su mirada


que nadie contestó: ¿por qué me matan?,


los carajos, los ayes, los silencios


del criminal, el santo, el pobre diablo,


cementerios de frases y de anécdotas


que los perros retóricos escaran,


el delirio, el relincho, el ruido oscuro


que hacemos al morir y ese jadeo


de la vida que nace y el sonido


de huesos machacados en la riña


y la boca de espuma del profeta


y su grito y el grito del verdugo


y el grito de la víctima...


son llamas


los ojos y son llamas lo que miran,


llama la oreja y el sonido llama,


brasa los labios y tizón la lengua,


el tacto y lo que toca, el pensamiento


y lo pensado, llama el que lo piensa,


todo se quema, el universo es llama,


arde la misma nada que no es nada


sino un pensar en llamas, al fin humo:


no hay verdugo ni víctima...


¿y el grito


en la tarde del viernes?, y el silencio


que se cubre de signos, el silencio


que dice sin decir, ¿no dice nada?,


¿no son nada los gritos de los hombres?,


¿no pasa nada cuando pasa el tiempo?






—no pasa nada, sólo un parpadeo


del sol, un movimiento apenas, nada,


no hay rendición, no vuelve atrás el tiempo,


los muertos están fijos en su muerte


y no pueden morirse de otra muerte,


intocables, clavados en su gesto,


desde su soledad, desde su muerte


sin remedio nos miran sin mirarnos,


su muerte ya es la estatua de su vida,


un siempre estar ya nada para siempre,


cada minuto es nada para siempre,


un rey fantasma rige tus latidos


y tu gesto final, tu dura máscara


labra sobre tu rostro cambiante:


el monumento somos de una vida


ajena y no vivida, apenas nuestra


—¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,


¿cuándo somos de veras lo que somos?,


bien mirado no somos, nunca somos


a solas sino vértigo y vacío,


muecas en el espejo, horror y vómito,


nunca la vida es nuestra, es de los otros,


la vida no es de nadie, todos somos


la vida –pan de sol para los otros,


los otros todos que nosotros somos—,


soy otro cuando soy, los actos míos


son más míos si son también de todos,


para que pueda ser he de ser otro,


salir de mí, buscarme entre los otros,


los otros que no soy si yo no existo,


los otros que me dan plena existencia,


no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,


la vida es otra, siempre allá, más lejos,


fuera de ti, de mí, siempre horizonte,


vida que nos desvive y enajena,


que nos inventa un rostro y lo desgasta,


hambre de ser, oh muerte, pan de todos,






Eloísa, Perséfona, María,


muestra tu rostro al fin para que vea


mi cara verdadera, la del otro,


mi cara de nosotros siempre todos,


cara de árbol y de pandero,


de chofer y de nube y de marino,


cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,


cara de solitario colectivo,


despiértame, ya nazco:


vida y muerte


pactan en ti, señora de la noche,


torre de claridad, reina del alba,


virgen lunar, madre del agua madre,


cuerpo del mundo, casa de la muerte,


caigo sin fin desde mi nacimiento


caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,


recógeme en tus ojos, junta el polvo


disperso y reconcilia mis cenizas,


ata mis huesos divididos, sopla


sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,


tu silencio dé paz al pensamiento


contra sí mismo airado;


abre la mano,


señora de semillas que son días,


el día es inmortal, asciende, crece,


acaba de nacer y nunca acaba,


cada día es nacer, un nacimiento


es cada amanecer y yo amanezco,


amanecemos todos, amanece


el sol cara de sol, Juan amanece


con su cara de Juan cara de todos,






puerta del ser, despiértame, amanece,


déjame ver el rostro de este día,


déjame ver el rostro de esta noche,


todo se comunica y transfigura,


arco de sangre, puente de latidos,


llévame al toro lado de esta noche,


adonde yo soy tú somos nosotros,


al reino de pronombres enlazados,






puerta del ser: abre tu ser, despierta,


aprende a ser también, labra tu cara,


trabaja tus facciones, ten un rostro


para mirar mi rostro y que te mire,


para mirar la vida hasta la muerte,


rostro de mar, de pan, de roca y fuente,


manantial que disuelve nuestros rostros


en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,


indecible presencia de presencias...






quiero seguir, ir más allá, y no puedo:


se despeñó el instante en otro y otro,


dormí sueños de piedra que no sueña


y al cabo de los años como piedras


oí cantar mi sangre encarcelada,


con un rumor de luz el mar cantaba,


una a una cedían las murallas,


todas las puertas se desmoronaban


y el sol entraba a saco por mi frente,


despegaba mis párpados cerrados,


desprendía mi ser de su envoltura,


me arrancaba de mí, me separaba


de mi bruto dormir siglos de piedra


y su magia de espejos revivía


un sauce de cristal, un chopo de agua,


un alto surtidor que el viento arquea,


un árbol bien plantado mas danzante,


un caminar de río que se curva,


avanza, retrocede, da un rodeo


y llega siempre:














México, 1957














De: La estación violenta


















OCTAVIO PAZ