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Thursday, December 19, 2013

Homero Aridjis




Asombro del tiempo

(Estela para la muerte de mi madre Josefina Fuentes de Aridjis)

Ella la dijo: Todo sucede en sábado:
el nacimiento, la muerte,
la boda en el aire de los hijos.
Tu piel, mi piel llegó en sábado.
Somos los dos la aurora, la sombra de ese día.

Ella la dijo: Si tu padre muere,
yo también voy a morir.
Sólo es cosa de sábados.
Cualquier mañana los pájaros
que amé y cuidé van a venir por mí.

Ella estuvo conmigo. En mi comienzo.
Yo estuve con ella cuando murió,
cuando nació.
Se cerró el círculo. Y no sé
cuándo nació ella, cuándo morí yo.
El rayo umbilical nos dio la vuelta.

Sobre la ciudad de cemento se alza el día.
Abajo queda el asombro del tiempo.
Has cerrado los ojos, en mí los has abierto.
Tu cara, madre, es toda tu cara, hoy que dejas la vida.
La muerte, que conocía de nombre, la conozco en tu cuerpo.

Dondequiera que voy me encuentro con tu rostro.
Al hablar, al moverme estoy contigo.
El camino de tu vida tiene muchos cuerpos míos.
Juntos, madre, estaremos lejanos.
Nos separó la luna del espejo.

Mis recuerdos se enredan con los tuyos.
Tumbados para siempre, ya nada los tumba.
Nada los hace ni deshace.
Palpando tu calor, ya calo tu frío.
Mi memoria es de piedra.

Hablo a solas y hace mucho silencio.
Te doy la espalda pero te estoy mirando.
Las palabras me llevan de ti a mí y de mí a ti
y no puedo pararlas. Esto es poesía, dicen,
pero es también la muerte.

Yo labro con palabras tu estela.
Escribo mi amor con tinta.
Tú me diste la voz, yo sólo la abro al viento.
Tú duermes y yo sueño. Sueño que estás allí,

detrás de las palabras.

Te veo darme dinero para libros,
pero también comida.
Porque en este mundo, dicen,
son hermosos los versos,
pero también los frutos.

Un hombre camina por la calle.
Una mujer viene. Una niña se va.
Sombras y ruidos que te cercan
sin que tú los oigas, como si sucedieran
en otro mundo, el nuestro.

Te curan de la muerte y no te salvan de ella.
Se ha metido en tu carne y no pueden sacarla,
sin matarte. Pero tú te levantas, muerta,
por encima de ti y me miras desde el pasado mío,
intacta.

Ventana grande que deja entrar a tu cuarto la ciudad de cemento.
Ventana grande del día que permite que el sol se asome a
tu cama.
y tú, entre tanto calor, tú sola tienes frío.

Así como se hacen años se hace muerte.
Y cada día nos hacemos fantasmas de nosotros.
Hasta que una tarde, hoy, todo se nos deshace
y viendo los caminos que hemos hecho
somos nuestros desechos.

Sentado junto a ti, veo más lejos tu cuerpo.
Acariciándote el brazo, siento más tu distancia.
Todo el tiempo te miro y no te alcanzo.
Para llegar a ti hay que volar abismos.
Inmóvil te veo partir, aquí me quedo.

El corredor por el que ando atraviesa paredes,
pasa puertas, pasa pisos,
llega al fondo de la tierra,
donde me encuentro, vivo,
en el comienzo de mí mismo en ti.

Número en cada puerta y tu ser pierde los años
.
Tu cuerpo en esa cama ya sin calendarios.
Quedarás fija en una edad, así pasen los siglos.
Domingo 7 de septiembre, a las tres de la tarde.
Un día más, unos minutos menos.

En tu muerte has rejuvenecido,
has vuelto a tu rostro más antiguo.
El tiempo ha andado hacia atrás
para encontrarte joven. No es cierto
que te vayas, nunca he hablado tanto contigo.

Uno tras otro van los muertos, bultos blancos,
en el día claro.
Por el camino vienen vestidos de verde.
Pasan delante de mí y me atraviesan. Yo les hablo.
Tú te vuelves.

Pasos apesadumbrados de hombres
que van a la ceremonia de la muerte,
pisando sin pisar las piedras
de las calles de Contepec,
con tu caja al cementerio.

Tú lo dijiste un día:
todo sucede en sábado:
la muerte, el nacimiento.
Sobre tu cuerpo, madre, el tiempo se recuerda.


Mi memoria es de piedra.
México D.F., 2 de septiembre de 1986
Contepec, Mich., 7 de septiembre de 1986



Al hablarte me escuchas

Al hablarte me escuchas
desnuda de conceptos
renuncias a ti misma
para volverte aire
y al vuelo de mis pájaros verbales
concibes la palabra
siempre virgen y madre
vas perdurando los instantes
en tu cintura poderosa
algún día
cuando pierda al mundo
me harás permanecer.



A Betty

Y Dios creó las grandes ballenas
allá en Laguna San Ignacio,
y cada criatura que se mueve
en los muslos sombreados del agua.

Y creó al delfín y al lobo marino,
a la garza azul y a la tortuga verde,
al pelícano blanco, al águila real
y al cormorán de doble cresta.

Y Dios dijo a las ballenas:
"Fructificad y multiplicaos
en actos de amor que sean
visibles desde la superficie

sólo por una burbuja,
por una aleta ladeada,
asida la hembra debajo
por el largo pene prensil;

que no hay mayor esplendor del gris
que cuando la luz lo platea.
Su respiración profunda
es una exhalación".

Y Dios vio que era bueno
que las ballenas se amaran
y jugaran con sus crías
en la laguna mágica.

Y Dios dijo:
"Siete ballenas juntas
hacen una procesión.
Cien hacen un amanecer".


Y las ballenas salieron
a atisbar a Dios entre
las estrías danzantes de las aguas.
Y Dios fue visto por el ojo de una ballena.

Y las ballenas llenaron
los mares de la tierra.
Y fue la tarde y la mañana
del quinto día.

  
A veces uno toca un cuerpo y lo despierta

A veces uno toca un cuerpo y lo despierta
por él pasamos la noche que se abre
la pulsación sensible de los brazos marinos

y como al mar lo amamos
como a un canto desnudo
como al solo verano

Le decimos luz como se dice ahora
le decimos ayer y otras partes

lo llenamos de cuerpos y de cuerpos
de gaviotas que son nuestras gaviotas

Lo vamos escalando punta a punta
con orillas y techos y aldabas

con hoteles y cauces y memorias
y paisajes y tiempo y asteroides

Lo colmamos de nosotros y de alma
de collares de islas y de alma

Lo sentimos vivir y cotidiano
lo sentimos hermoso pero sombra.



Déjame...

Déjame
estoy lleno de ti,
no te perderé,
llevo conmigo tu esperanza invicta
y los diluvios de tu claustro;
he visto levantarse de tus pupilas
el sentimiento inaugural del hombre,
pero todavía no tengo la sangre
y la tierra y la palabra
no me pertenecen




Thursday, December 12, 2013

Francisco Aranda Cadenas



Rescato a mi palabra de su olvido.
Centelleante palabra que me alumbra.
Detenida ahí frente a mis labios, recuperada,
es asible por mis manos, desnudada por mis manos.
Como una singular presencia, que abre la balconera
de mis ojos, se muestra sabrosa , de ingentes frutos.
Cuento, una a una, sus letras, y entre todas la fronda
del mundo.



Te siento tan lejana esta tarde, como esa voz
que el tiempo sin avisar silencia a veces,
como el aullido simple de un lobo perdido
en los oteros. Te vivo tan lejana, ya sin presencia
para estos ojos que te vieron abrileando la mañana,
para estas manos que acariciaron el desnudo cuerpo,
la abrigadera de luz de tu palabra. Te creo tan lejana
esta tarde, tan hija de nada, que mi corazón
se queda asido de un vago recuerdo, de una imagen
tambaleante, ebria de sombras y de oscuros cielos.



Todas las luces de la ciudad inundan esta pequeña calle casi vacía.
Hay, de repente, olor a madreselva venido de lejos, algún gato
vacila entre la vida y la muerte. Llevo un anuncio de trabajo
en el bolsillo de mi chaqueta, unas gafas y una estilográfica.
Suena, extravagante, una música de cello; firme es mi paso
hasta la casa. Aquellos que no amé han desaparecido, también
muchos de cuantos amé profundamente y no tanto. Quedas
tú, alguno más a orillas del río de mi sangre, y la posibilidad
de otro amor saludable en el camino. Tiene cierta gracia, esta
mañana desperté como si todo hubiera sido concebido de nuevo,
al igual que si la naturaleza de las cosas hubiera cambiado,
pero mi amor por ti sigue intacto en una cosa simple y sencilla:
te echo de menos cuando estás lejos y no existe posibilidad,
salvo lejana, de encontrarnos. Tú haces que te ame, mejor dicho,
este amor mío que me nace irreductible tiene en ti donde verterse.

También mis gafas son algo amado por mí porque me permiten leer.
Veis esta palabra: tiene carne y huesos.
Se ha prendido del aire una vez salida de la boca,
tiene sabor a cuerpo tendido, a mar salpicando
la costa de sal y de azules. La he pronunciado
de nuevo, porque es luz de mi garganta, tiene sabor
a mañana de verano, cuando aún la calima difumina
el paisaje, y los seres se parecen a una acuarela
ígnea, fácilmente reconocible por el pecho.
Porque está lloviendo la pronuncio, para descorrer
los velos que el agua dibuja, y así otra luz
se abrace también a mi palabra.



ABANDONO

Quizá algún día deje de escribir, me levante de esta silla,
abandone esta mesa para siempre, y me dirija a una calle
desierta; es que tal vez, no tenga otra cosa que reírme
de mí mismo, nada más que saltar a la comba, lanzar
piedritas al agua... Verdaderamente me he cansado
del teclado y de sus letras. Me parece estar usando un idioma
absurdo. Tengo esa extraña sensación de no estar contigo;
digamos, que estoy perdiendo el tiempo ahora mismo, lanzando
versos a quién sabe, seguramente al aire mientras tú
estás en el cine o paseando, sonriéndole al aire o a las nubes,
conversando en la cafetería o dando el mejor de los paseos.
Cómo creer que te hablo desde esta habitación contigua
a un escenario vacío, desde esta canción sin música y sin voz,
aquí, donde no puedo besarte ni desnudar tu cuerpo, y no hago
otra cosa que buscar palabras para nadie, cuando no deseo
sino abrazarte, aunque este poema caiga en el olvido.


Después de esta melodía, quizá me quede alguna palabra por decir:
mejor me callo y que siga la música, mejor no escribo y que siga la música.
Me encontrarás detrás de la arboleda contando lirios y nubes, algo inútil
con que ganar tiempo a las tragaderas de la moda.
Premisa número uno, a ser posible, caminar despacio ajeno a los escaparates.
Premisa número dos, si es necesario, no saludar a las banderas del país que fueren.
Premisa número tres, si es que llegamos, cantar una canción en voz alta, letras de un poema.
Y así, premisa tras premisa, con voz enamorada me dirijo a ti... Qué más decirte,
alma ausente de palabra luminosa; en fin, que te quiero; dime, qué hacer.


A duermevela, en el vagón del tren, viajo suspendido
de un sueño con los ojos entornados. Yo la miro,
como no queriendo verla, a la muchacha que se ha sentado
en frente de mí. Lleva un libro en sus manos, no sé cuál es
ni pretendo adivinarlo, pero sus pupilas se frutecen
en las páginas que degusta con sosiego. Como no queriendo
verla, la estoy mirando, y son sus manos delgadas, solidarias.
Quisiera despertarme y decirle algo parecido a la calidez
de las mañanas de septiembre. El tren parece no detenerse nunca;
lo agradezco. Por fin abro de par en par los ojos. Ella sigue ahí,
lleva un hermoso vestido blanco y violáceo, sigue ahí, empeñada
en las palabras y en los signos impresos, con su fulgurante
sonrisa y su mañana ardido en sus pómulos. He de bajarme
en la próxima parada. Creo que la recordaré para siempre.
La arboleda decora el paisaje al salir al andén, tal vez
vuelva a encontrarla de camino hacia algún lugar amado,
crucemos generosamente unas palabras.
Los trenes guardan ciertas sorpresas,
si la voz es nítida, el verbo claro...


De vez en cuando se me aparece tu voz, y alzo
la mano para asirla velozmente, como si de una cometa
se tratase. Voz tuya inaugurando la mañana, mi despertar.
Sonrío. Soy partícipe de algo tuyo. Me hago cargo no obstante
de tu ausencia. Cuando las pequeñas barcazas parten
de la sencilla rada de poniente, cuando abro el pecho
a la luz matinal, recuerdo alguna de tus palabras
dejadas llevar hacia la costa, hacia el centro histórico
de la ciudad que amamos juntos. Has aparecido
en muchas de mis páginas; hubiera preferido aparecieses
cercana a este hombre que soy, buscando me nombres
en el otero que derrama azul de lluvia sobre el mar.

A finales ya casi de diciembre soy yo quien te nombra,
como si a golpe de sílaba, a golpe de sed, a golpe de memoria,
pudiera cautivar la piel que fuera mía en las madrugadas
de amapolas danzando en la brevedad de tu cintura.


La noche reposa junto al junqueral, una diminuta noche
de agua y yerba tendida. Hay heraldos de la lumbre
reposando en la orilla del lago, y las nubes se dibujan
en derredor de figuras humanas con voces de pájaro.
Todo esto no es más que un sueño, o la imagen de infancia
de algo muy cercano a una playa de Almería. Sí, el junqueral
donde me refugiaba de la 'ponientá' de los agostos.
Ha llovido mucho desde entonces, sigue lloviendo.
Sigue lloviendo a mar en grito sobre las cabezas, no pare
nunca de lloverse el hermoso y terrible abecedario del mundo.

 AL MENOS EN TUS OJOS Y EN TUS MANOS

a M., con gran alegría de saberte.

Revoluciones con sangre,
traicionadas con sangre,
hirviendo en sangre...
Lástima de aluvión de cuerpos
derramados en sangre,
de sed sin agua y sin salivas;
vienen unos y se van otros,
y todos llevan una larga lista de sangre.
Pasarán generaciones, una tras otra,
y nosotros, los de ahora,
no seremos salvo el olvido
anunciado bajo tierra.
¿A qué perder el tiempo
sin amor, sin savia luminosa?
¿A qué morir sin haber vivido
hasta vivirse?
Canción nuestra,
¿hacia qué horizonte
lanzas tu mirada?
¿Con qué habrás de congraciarte?
Al menos en tus ojos y en tus manos
hay vida, y no siembra prejuicios
tu palabra, y tu voz dulcifica
a cada instante. Tu ira es sólo
para los que tratan con sangre,
tú que no has compartido café
ni con cínicos ni con hipócritas,
que has sido generosa y amable,
que no comulgaste con la sangre
del mercado, ni con el egoísta
mercader, ni con las tapias
de los cementerios. Al menos
en ti la paz es algo más que paz
escrita en la pared de las universidades,
o en los muros de las cárceles,
o en los escaparates de las calles,
o en el facebook de los adolescentes.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 15 de diciembre de 2013

Hacía verdaderamente frío.
Yo me empeñaba en sus abrigaderas,
pero hube de contentarme con mi chaqueta y mi bufanda.
Llegó a llover a cántaros. Llevaba un curioso sombrero
para la ocasión, mientras soñaba con la más amable
noche de sus brazos. Hacía verdaderamente frío,
y entré en una cafetería de esas en las que puedes además
comer algo. Ya ven (café muy caliente y pan con mermelada),
yo sin sus abrigaderas, en un lugar de la ciudad
apenas conocido en las tardes de invierno. Si me apuran,
me hubiera sentado en la terraza de no ser porque tenía verdaderamente frío,
y no hacía otra cosa que pensar en sus abrigaderas.

De regreso a casa, quién carajo diría, que anduve solo por las calles.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 23 de diciembre de 2013


Frutecidos de abecedarios están los árboles. En las cestas
la cosecha; será repartida por los barrios, en los arrabales, en las plazas...
No hay un solo fruto podrido. Sanos, juiciosos o surrealistas,
habitarán las casas, el alma del niño, del joven y del moribundo.
De palabra, de palabras, los ritmos sonoros de las aves,
el viento cálido del estío conjugando verbos; y yo, campesino
del verso, bajo la sombra fresca de estos árboles, hechizado
por su enigma febril, sus frases prendidas de los labios.
Por la poética de todos, brindo esta noche nupcial de letras y de signos,
hago mía vuestra belleza, comparto ascuas de mi voz, amores hilvanados.

Francisco Aranda Cadenas

Málaga, a 24 de diciembre de 2013
 

Thursday, December 05, 2013

BATALLA DE CIERVOS, Balam Bartolomé

CORDIAL INVITACIÓN A MIS LECTORES Y AMIGOS:

 Balam publica su primer libro. Los invito cordialmente a acompañarlo en la presentación de BATALLA DE CIERVOS (ensayos breves sobre arte y varia invención) el próximo 12 de diciembre.