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Tuesday, August 30, 2016

UNA RESPUESTA A NICOLÁS ALVARADO, POR YURI VARGAS



El día de hoy Nicolás Alvarado, director de TV-UNAM, hizo una crítica, en la columna “Firmas” del periódico Milenio, del trabajo musical de Juan Gabriel y expresó su opinión sobre el efecto que la muerte del compositor produce en el público mexicano. Es de esperar que las declaraciones tajantes de Alvarado generen una objeción inmediata. Presentamos ahora una breve respuesta de Yuri Vargas, donde se exponen algunas características técnicas que dan razón del genio y figura del compositor y podrían explicar porqué sus canciones forman parte del imaginario popular.





Lo que se ve no se pregunta…

Por Yuri Vargas

En verdad no me quería subir al tren. Nomás veía pasar las opiniones en torno a su muerte y su legado, a veces frustrado y otras tantas maravillado, y las entendía como un proceso general de duelo que en última instancia buscaría explicar la trascendencia cultural del buen Juanga. No faltaron los homofóbicos de clóset, por supuesto; pero como no me importa la intimidad ajena ni me gusta sondear los vuelcos de personalidad de los escribientes (menos aún cuando son conocidos encontrables) dejé pasar sus comentarios con un estoicismo digno del mismísimo Zenón. Observé, no obstante, en un comentario de Nicolás Alvarado publicado por Milenio, suficientes argumentos como para dedicarme un rato a la modesta aclaración de algunos de sus dichos, particularmente los que abundan sobre la lírica de Juan Gabriel, de lo cual parece ignorarlo todo. No voy a opinar sobre sus prejuicios clasistas, sobre su patética ignorancia en torno a los géneros, ni sobre su insultante condescendencia en torno a la cultura popular y el gusto de la gente. Me quedo sólo con esta joyita:
“[…] apenas conozco unas pocas de sus canciones que, confesaré, me han bastado para identificarlo como uno de los letristas más torpes y chambones en la historia de la música popular, todo sintaxis forzada, prosodia torturada y figuras de estilo que oscilan entre el lugar común y el absurdo.”
En principio, le diría al señor Alvarado que, para determinar el registro de uno u otro artista, es necesario conocer mucho más que “unas pocas de sus canciones”. Es ignorante, él mismo lo dice, en todo lo que concierne a la obra de Juan Gabriel, pero ese ínfimo visaje que alguna vez le concedió, bastó para perpetrar esa enumeración de vicios que, tristemente, son lugar común de la crítica mediática mexicana: cero pruebas, mucho insulto, exigua crítica, abundante y nauseabunda tripa…
Juan Gabriel no era letrista, como asume Nicolás; era compositor de canciones. Y un compositor de canciones logrado –como era él, sin duda– no disocia entre texto y música: ambas expresiones cabalgan a la par en los lomos de ese vínculo entrañable que es la línea melódica. Un compositor de canciones es, al mismo tiempo, poeta y músico, y por ello mismo se debe considerar a sus textos como poesía pura y dura. Sí: popular, pero poesía de cabo a rabo. Dice el jefe supremo de TVUNAM que Juanga es un letrista torpe y chambón (galicismo que equivale a decir churrero, que le salen de chiripa las cosas y que en definitiva no es hábil en su oficio) y yo me pregunto: ¿Qué tanto oficio puede desarrollar un artista en el curso de cincuenta años ejerciendo la misma actividad? ¿Qué sabe de música popular este señor si no la escucha? 
Dice ‘sintaxis forzada’ y luego de leer su propia columna lo entiendo como una proyección de sus propias pifias. Dice ‘prosodia torturada’, y ello hace aún más patente su ignorancia, porque la prosodia es reino de la prosa; en la canción se versifica y debe entonces observarse el ritmo del texto desde una perspectiva completamente diferente, aludiendo a la métrica y la versificación. Dice figuras de estilo y se confunde, porque el estilo, más aún el estilo de Juan Gabriel, es lo contrario al lugar común; de hecho, su obra ha generado un montón de lugares comunes en la canción mexicana, para bien o para mal. Seguramente quiso decir figuras retóricas, como un compendio de formas de ornato asequible a todo poeta medianamente cultivado, y de paso olvidó también mencionar que lo que define a lo popular es la estandarización de esas expresiones en un particular ámbito cultural, donde, a partir de ciertas practicas comunes, se desarrolla un estilo basado justo en una paleta retórica que se conoce y desarrolla en el curso del oficio. 
Hablando de estilo, es importante recalcar que no hay en la órbita de la canción mexicana, e incluso hispanoamericana, un compositor tan reconocible, tan vinculado a un registro personal, como lo es Juan Gabriel. Te puede gustar o no, me queda claro; pero es indudable, al menos para los que lo vieron o escucharon alguna vez, que tiene estilo. Algo que parece no tener el opinador de marras, porque hasta en el insulto y la diatriba disque chocarrera se le ven los hilos (ya quisiera rozar nomás los tenis de Monsiváis o Germán Dehesa). Y para demostrar mis dichos, amén de curarme la amargura, tomé al azar una canción de Juan Gabriel para hacer un somero análisis métrico que ahora presento al respetable:
Se observan, en primera instancia, cuatro serventesios (estrofas de cuatro versos de arte mayor con rima intercalada: ABAB) de endecasílabos heroicos perfectos (con acentos obligatorios en sexta y décima sílaba, según el modelo renacentista). Cada serventesio comparte, de igual modo, las mismas estructuras melódico-armónicas de sus pares (o sea que tienen la misma identidad como bloque de sentido: A, A’, A”, A”’). Los serventesios están divididos en dos ejes simétricos, donde se encabalgan a su vez dos versos de perfecta sintaxis que expresan con honestidad y prístina naturalidad, no exenta de tropos retóricos, el tópico del poema: el duelo.
La parte B, que funciona como coro, se estructura en dos partes de tres versos cada una (o sea, como tercetos encadenados, con rima ABC/DEC). Ambos tercetos expresan una estrategia conocida como correspondencia, donde la idea que se genera de inicio se desarrolla sintácticamente en el curso de los tres versos. No hay un sólo error de sintaxis. De hecho, demuestra mucha pulcritud y cuidado en su estructura lingüística; asunto muy complicado cuando de cuadrar en una métrica específica se trata y, más aún, si, como ocurre siempre en la canción de corte popular, es preciso expresar las ideas con una naturalidad francamente coloquial. No sólo no es bajo, es en realidad alto el grado de dificultad técnica que expresa el buen Juan Gabriel en estos versos.
 Los versos de los tercetos son de diez sílabas, graves todos (rasgo de identidad, dado el carácter grave de la lengua española), articulados a la manera de los versos compuestos: con dos hemistiquios de cinco sílabas, también de perfecta sintaxis. El tercero y el sexto verso de esta serie estrófica, cabe referir, son esdrújulos, y, en correspondencia con la tradición y técnica poéticas, tienen una sílaba de más para que el último acento se ubique en la cuarta posición, como es menester en todo verso o hemistiquio pentasílabo. Esto último denota, entre otras cosas, conocimiento de género. Los tercetos encadenados, por cierto, son comunes en la tradición cancioneril mexicana (otro rasgo más de identidad); lo no tan común es el uso de los decasílabos como versos compuestos (clara expresión de estilo y, más aún, de oficio).
Cabe referir, ya por último, el efecto del segundo verso de la última estrofa: uno piensa inicialmente que la canción reitera una vez más la temática del amor perdido, pero es en estos postreros versos donde nos enteramos del asunto y sabemos entonces que estamos ante una canción de carácter luctuoso. Desde la perspectiva aristotélica, esa preparada disposición de los significados parciales de la obra se conoce como ‘curva dramática’ y expresa, en justa proporción a la recepción de sus canciones, conocimiento de causa, colmillo. Ojalá, en el curso de su chamba, este opinador metido a funcionario desarrolle alguna vez el oficio, la pulcritud, la relevancia, la honestidad y los alcances estéticos que alguna vez logró en sus versos el mentado Juan Gabriel, ‘onde quiera que ande…

Amor eterno
11 Tú eres la tristeza de mis ojos
11 que lloran en silencio por tu amor.
11 Me miro en el espejo y veo en mi rostro
11 el tiempo que he sufrido por tu adiós.

11 Obligo a que te olvide el pensamiento
11 pues siempre estoy pensando en el ayer.
11 Prefiero estar dormido que despierto
11 de tanto que me duele que no estés.

5+5=10 Cómo quisiera / que tú vivieras,
5+5=10 que tus ojitos / jamás se hubieran
5+5=10 cerrado nunca / y estar mirándolos
5+5=10 Amor eterno / e inolvidable,
5+5=10 tarde o temprano / estaré contigo
5+5=10 para seguir / amándonos.

11 Yo he sufrido mucho por tu ausencia,
11 desde ese día hasta hoy no soy feliz.
11 Aunque tengo tranquila mi conciencia,
11 sé que pude haber hecho más por ti

11 Oscura soledad estoy viviendo,
11 la misma soledad de tu sepulcro.
11 Tú eres el amor del cual yo tengo
11 el más triste recuerdo de Acapulco.
Cómo quisiera…






DATOS VITALES

Yuri R. Vargas (1967). Mexicano nacido en la ciudad capital. Músico de origen, egresó de la Facultad de Filosofía y Letras donde cursó la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas; desde entonces vincula ambas experiencias en torno a un fenómeno que lo atribula particularmente, en tanto relaciona ambos ejes de sentido, la literatura y la música. Ha realizado labores como docente en diversas instituciones impartiendo clases de redacción, géneros literarios, composición y poética. Ha realizado, asimismo, labores como coordinador en talleres de cuento, poesía y composición de canciones. Tiene publicados tres manuales: uno de gramática, otro de géneros literarios y uno más de versificación española. Paralelamente a su actividad profesional, ha desarrollado una discreta pero intensa labor como escritor de cuento y poesía.


Texto tomado de la página:

http://circulodepoesia.com/2016/08/una-respuesta-a-nicolas-alvarado-por-yuri-vargas/







Monday, August 29, 2016

Elia Casillas: Tú y yo...





Reguero de mi osamenta

                                                 respira en su tinta;
 es buena idea
 teñir
 las gotas que sostienen
 mi esqueleto con menos un cuarto.

y
yo
somos
no estamos:
somos.

Sentir
sentirte
sentirnos
en la celebración,
 acurrucados se concibe
                                               y, se ven otros senderos
más allá de la carrera:
sentir con tus sentidos
el viento encendido de la vida.


Ave María Purísima
                                  rezarán toda la noche
                                                                         epitafio y flores en la piedra  (…)  
barrio de agua                   
                             y ladrillo,
ave del crepúsculo
ocupada estoy 
por el deshielo de mis huesos.

Allá, la Parca
y sus ángeles arrepentidos ¡Aleluya¡
 
                                          En su endemoniado imperio
el mar ondea agua bendita.








Sunday, August 28, 2016

Elia Casillas: Mi Parca



La Justa desplaza

                               su mal en mi pueblo,

llueve

y se riegan los pesares,

                                           socorrido cirio pascual

mi luz próxima,

                            Madre lisa

                                                         Bendita Parca,


ya somos familia  

                             de tanto nombrarnos.




No siento el espíritu

                                 torbellino
                                                   del
                                                             insomnio,

coronada de aventuras

                                            agonizo:

su estertor lóbrego marca,

                                     donde
                                                       ladra

                                                                   mi carne

brilla:                    


               el laberinto de los milagros.





Subrayé mi remolino
                                                 Parca
                                                            y lo hice girar

en la naturaleza,

para que anduviera tus humanidades.








Juan Gabriel - Hasta Que Te Conocí

Elia Casillas: Barro infinito





Suelo de lamentaciones, 

                              ya cabeceo en tu hacienda salvaje
         
                                              amoroso vientre de turistas,
 alma retractada no soy  

                                     Señora: no requiere salvoconducto  

                                              la aventurera sin aval

  y, antes de que me guardes
                                                                          descubre

                                           la sangre erizada

   su rostro humeante

                                   atravesando el sin sabor de este cuerpo.

Barro infinito

en el sueño

                   ido, mis manos huérfanas,

                                                             agradecidas,

                                       sin oxígeno,
  
                                                         humano soplo agonizante

 descanso al fin             Madre Tierra

me iré en un fogonazo

a mi excursión naciente.

Hazme naturaleza de tu corazón

cuando  el sol esté ausente    

 multicolor destino

en mi barrio sin ausencias, sin plaza,

ilumina

por los siglos de los siglos,

                                                          mis huesos tropicales

en el movimiento de su ombligo.

Espíritu de barro:

                                               
                                                                               Madre de arena
                            cuando la luz nos dé

                                                                 las sombras

regrésame los ojos

                              para verlo entre los muslos,

                                                                      felino               
                                                                                   humano        

                                                                                                  llameante

por vez última
                                          
                           ciñendo
                                              mi oscuridad
                                                                                                 f
                                                                                             r
                                                                                         í
                                                                                    a
                                    
en mis entrañas 

quiero sus manos incendio
                                                 girándome

sin olvidar que reflejo

                                          en el azul de mi cadáver


la tierra húmeda de mi primera danza.




Friday, August 26, 2016

Arthur Rimbaud




LO IMPOSIBLE

 ¡Ah! esta vida de mi infancia, el gran camino de siempre* sobrenaturalmente sobrio, más desinteresado que el mejor de los pordioseros, orgulloso de no tener ni país, ní amigos, qué tontería era. ¡Y tan sólo ahora me doy cuenta! —Tuve razón de menospreciar estos buenos hombres que no perdían la ocasión de una caricia, parásitos de la higiene y de la salud de nuestras mujeres, hoy que ellas están tan poco de acuerdo con nosotros. He tenido razón en todos mis desdenes: puesto que me escapo. ¡Me escapo! Voy a explicarme. Todavía ayer, suspiraba: «¡Cielos!, ya somos bastante los condenados aquí abajo. Hace ya tanto tiempo que estoy con esta tropa que les conozco a todos. Nos reconocemos siempre; no nos gustamos. La caridad nos es desconocida. Pero somos educados, nuestras relaciones con el mundo son muy correctas». ¿Es sorprendente esto? ¡El mundo! ¡Los comerciantes, los ingenuos! —No estamos deshonrados— . Pero, Jos elegidos, ¿cómo nos recibirían? Entonces es que hay gente arisca y jovial, falsos elegidos, puesto que necesitamos audacia o humildad para encararnos con ellos. Son los únicos elegidos. No son aduladores. Habiéndome descubierto dos perras gordas de juicio —esto se pasa pronto— veo que mis desazones son debidas a no haberme dado cuenta lo bastante pronto de que estamos en Occidente. ¡Los marasmos occidentales! No es que crea en la luz alterada, la forma extenuada, el movimiento perdido... ¡Bueno! Lo que ocurre es que mi espíritu, absolutamente, quiere hacerse cargo de todos los crueles desarrollos que ha soportado el espíritu desde el fin de Oriente... ¡No quiere poco mi espíritu! ...Mis dos perras gordas de razón ya se han terminado. — El espíritu, es autoridad y quiere que yo pertenezca a Occidente. Sería necesario mandarle callar para poder terminar como yo quería. Mandé al diablo las palmas de los mártires, los relámpagos del arte, el orgullo de los inventores, el ardor de los pillos; volvía a Oriente y a la bondad primera y eterna. — Parece ser que se trata j . de un sueño de pereza grosera. No obstante no confiaba mucho en el placer de escapar a los sufrimientos modernos. No tomaba en consideración la sabiduría bastarda del Corán. — Pero ¿no existe un verdadero suplicio en que, según esta declaración de la ciencia, gracias al cristianismo, el hombre se engaña, se prueban las evidencias, se hincha de satisfacción al repetir las pruebas, y no vive de otra cosa? Tortura sutil, tonta; fuente de mis divagaciones espirituales. La naturaleza tal vez podría enfadarse. Prudhomme ha nacido con el Cristo. No será que cultivamos la niebla. Comemos la fiebre con nuestras legumbres acuosas. ¡Y la embriaguez! ¡Y el tabaco! ¡Y la ignorancia! ¡Y los desvelos! ,— Todo esto ¿no está bastante lejos del pensamiento y la sabiduría de Oriente, la patria primitiva? ¡Por qué en un mundo moderno se inventan tales venenos! La gente de Iglesia dirá: De acuerdo; pero vosotros queréis hablar del Edén. Nada para vosotros en la historia de los pueblos orientales. — ¡Es verdad! Es con el Edén que yo pensaba. ¿Qué significa, para mi sueño, esta pureza de las razas antiguas? Los filósofos: El mundo no tiene edad. La humanidad se desplaza, simplemente. Estáis en Occidente, pero libres de habitar en vuestro Oriente tan antiguo como os haga falta —y de habitarlo bien. No seáis un vencido. Filósofos, pertenecéis a vuestro Occidente. Espíritu mío, ponte en guardia. No hay partidos de salvación violenta. ¡Ejercítate! — La ciencia no va lo bastante de prisa para nosotros. —Pero me doy cuenta de que mi espíritu duerme. Si estuviese siempre bien despierto a partir de este momento, pronto llegaríamos a la verdad que tal vez nos envuelve con sus ángeles llorando... — Si hubiese estado despierto hasta este momento, yo no habría cedido a los instintos deletéreos, en una época inmemorial... — Si hubiese estado siempre bien despierto, navegaría en plena sabiduría, ¡Oh pureza, pureza! Es este minuto de alerta que me ha dado la visión de la pureza. — Por el espíritu se va hacía Dios. ¡Desgarrador infortunio!


 DESVARIOS II

Alquimia del verbo Sobre mí.

Historia de una de mis locuras. Desde hace mucho tiempo presumía de conocer todos los paisajes posibles y encontraba ridículas las celebridades de la pintura y de la poesía moderna. Me gustaban las pinturas idiotas, las portadas, los decorados, las telas de saltimbanquis, las muestras, las estampas populares, la literatura pasada de moda, el latín de iglesia, los libros eróticos sin ortografía, las novelas de nuestros abuelos, los cuentos de hadas, los pequeños libros para niños, las viejas óperas, los estribillos tontos, los ritmos ingenuos. Soñaba con cruzadas, viajes de descubrimientos de los que no existen crónicas, repúblicas sin historia, guerras de religión sofocadas, revoluciones de costumbres} desplazamientos de razas y de continentes: creía en todos los encantamientos. ¡Inventé el color de las vocales! A negra, E blanca, I roja, O azul, U verde. Regulé la forma y el movimiento de cada consonante y, con ritmos instintivos, presumí de inventar un verbo poético accesible, un día u otro, a todos los sentidos. Me reservaba la traducción. Fue, de momento, un estudio. Escribí silencios, noches; anoté lo inexpresable. Fijé vértigos. 


Alejado de pájaros, rebaños y aldeanos,
en un brezal cualquiera, agachado bebía,
rodeado de tiernos boscajes de avellanos, 
en una tarde breve y tibia de neblina.

¿Qué podía beber en este joven Oise,
oscuro cielo, olmo sin voz, césped sin flor,
en verde calabaza y lejos de mi choza?
Algún licor de oro, ñoño que da sudor.

Yo poco he de servir de muestra de taberna.
Un temporal el cielo oscureció.
Más tarde
corrió el agua del bosque por las arenas finas
en los charcos el viento carámbanos echaba;

llorando veía el oro —y no pude beber.

En estío, a las cuatro de la mañana,
el sueño de amor perdura todavía,
y el perfume de la festiva tarde,
en los bosquecillos, evapora el día.

Pero a lo lejos, con inmensa prisa,
hacia el sol de las Hespérides,
se agitan en mangas de camisa,
los carpinteros.

En su desierto tranquilos están,
labrando el sutil artesonado,
bajo cuyo falso cielo reirán,
los ricos ciudadanos.

 ¡Ah! para estos obreros fascinantes,
súbditos de un rey de Babilonia, deja,
Venus, un poco tus amantes,
cuya alma es tu gloria.

¡Oh reina de los pastores!
Lleva a los obreros el agua de la vida,
para que sus fuerzas en paz demoren
mientras esperan el baño de mar del mediodía.

La antigualla poética tenía mucho que ver en mi alquimia del verbo. Me acostumbré a la simple alucinación: veía muy claramente una mezquita donde había una fábrica, un grupo de tamborileros formado por ángeles, calesas por los caminos del cielo, un salón en el fondo de un lago, monstruos, misterios; un título de vodevil erigía espantajos frente a mí. Luego expliqué mis sofismas mágicos con la alucinación de las palabras. Acabé por creer sagrado el desorden de mí espíritu. Estaba ocioso, preso de una pesada fiebre: envidiaba la felicidad de los animales — ¡las orugas que representaban la inocencia del limbo, los topos, el sueño de la virginidad! Mi carácter se agriaba. Dije adiós al mundo en cierta clase de romances:

¡Si el tiempo viniera 
en que se quisiera!

Con mi paciencia
jamás he olvidado;
temores y penas
al cielo han marchado.

Y la sed malsana
apagó mis venas.

¡Si el tiempo viniera
en que se quisiera!

Tal es la pradera
al olvido dada
en auge y florida
de incienso y de grama.

Bordoneo hosco
de cien feas moscas.
¡Si el día volviera
en que se quisiera!

Me gustaba el desierto, los vergeles quemados, las tiendas antiguas, las bebidas tibias. Me arrastraba por las callejuelas malolientes y con los ojos cerrados me ofrecía al sol, dios del fuego. «General, si queda un viejo cañón sobre tus murallas ruinosas, bombardéanos con adobes de tierra seca. ¡A los cristales de los almacenes espléndidos! ¡A los salones! Haz que la ciudad trague su polvo. Oxida las gárgolas. Llena los gabinetes femeninos con polvo de rubíes ardiente...» ¡Oh el mosquito borracho, en el meador del albergue, enamorado de la borraja y al que un rayo diluye!

Hambre

Yo sólo siento cierto gusto
por la tierra y el pedrusco.
Mi desayuno de aire quiero
de roca, carbón y de hierro.

Mi hambre pace por la pradera
mi hambre vuela.
Atrae la ponzoña jaranera
de la correjuela.

Los guijarros que se rompen,
las viejas piedras de iglesia,
cantos de viejos diluvios
por la pradera sembrados.

Bajo las hojas el lobo gritaba
escupiendo las hermosas plumas
de las aves que comió en su cena.
Igual que él yo me consuma.

Las ensaladas, las frutas   
sólo esperan la cosecha
pero la araña del seto
sólo come violetas.

¡Que yo duerma! Y que yo hierva
en 1os altares de Salomón.
El caldo sobre el orín corre
y se aúna con el Cedrón.


En fin, oh felicidad, oh razón, separé del cielo el azur, que es negro, y viví, chispa de oro, de la luz natura. De alegría adoptaba una expresión bufonesca y desenvuelta en lo posible:

Encontré de nuevo,
¿qué?, la eternidad.
Del sol el sendero
va siguiendo el mar.
Alma centinela 
confesión murmura,
a la noche nula
y al día de fuego.
Humanos sufragios
hálitos comunes,
de los que te huyes
y vuelas, tal vez
Espera, no habría,
orietur, nulo.
Ciencia y paciencia
suplicio seguro.
Encontré de nuevo
¿qué?, la eternidad.
Del sol, el sendero
va siguiendo el mar.

  Me convertí en una ópera fabulosa: vi que todos los seres tienen una fatalidad de felicidad; la acción no es la vida, sino una manera de estropear alguna fuerza, un enervamiento. La moral es la debilidad del cerebro. Me parecía que, a cada ser, varias otras vidas le eran debidas. Ese caballero no sabe lo que se hace: es un ángel. Esta familia es una camada de perros. Ante varios hombres, hablaba en voz alta con un momento de una de sus otras vidas. — De ese modo he amado a un cerdo. Ninguno de los sofismas de la locura —la locura que se encierra— ha sido olvidado por mí: podría repetirlos todos, tengo el sistema. Mi salud se vio amenazada. Venía el terror. Caía en sueños de varios días y, una vez levantado, seguía con los sueños más tristes. Estaba maduro para la muerte, y por un camino de peligros, mi debilidad me conducía a los confines del mundo y de la Cimeria, patria de la sombra y de la tremolina. Tuve que viajar, dispersar los sortilegios acumulados -en mi cerebro. En el mar, al que amaba como si tuviese que lavarme alguna suciedad, veía levantarse la cruz consoladora. Había sido condenado por el arco iris. La felicidad era mi fatalidad, mí remordimiento, mi gusano: mi vida .sería siempre demasiado inmensa para ser consagrada a la fuerza y a la belleza. ¡La felicidad! Su diente, dulce para la muerte, me advertía al cantar el gallo —ad matutinum, el Christus venit— en las más sombrías ciudades.

¡Oh estaciones y oh castillos!
¿Hay alguna alma sin defectillos?

Igual que todos,quise ensayar
 la magia de la felicidad.    

Que ella viva, digo y apruebo
si el gallo galo canta de nuevo.

El nuevo anhelo ya no me embarga
pues de mi vida ella se encarga.

¡Es un encanto! tomó alma y cuerpo
y ha dispersado todo el esfuerzo.

¡Oh estaciones y oh castillos!
La de su fuga,  querrá la suerte
que sea la hora de mi muerte.

¡Oh estaciones y oh castillos!

Todo esto ya ha pasado. Ahora, sé saludar a la belleza.