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Monday, July 31, 2017

Elia Casillas

A violin, two crickets, I'm without you. Loneliness accepted custom friendly, rarity. Your voice is empty like as metal in the brain: beautiful companion, we have gone of the verse, the sweetness and poetry does not respond and hoards us, among their lost objects.


Navojoa, Sonora. Nov./22/2016





Sunday, July 30, 2017

Sola, sin tu sombra: Elia Casillas



  
Frida      
mira el dolor que se doblegó sin ella         
Con acuarela en el cabello
pinta un cielo lóbrego en cada herida          
amarrada al caballete de su maldición         
cultiva un centenario triste en los ojos              
Diego        
y flechas          
repartidos en el lecho
atizan el calvario              


  

 Frida        
más viva que nunca        
En armazón de muerte               
amamos tus costillas       
porque somos barro encendido que vuela         
vuela                 y                
 Vuela mal querido           
como tú            
para no perderse en turbina cotidiana         
para curar la fe que amenizan tus manos       
      quedas en retina del tiempo
                                                                                      buscándote tu misma         
  
Guardas males en la botella          
amores en  lienzo de piedra                 
enardecen tus deseos            
pariendo Fridos al tiempo          
Huella que se adelanta      
desde la sangre que pusiste en bocetos        
suscritos en entrañas del desconsuelo
que ya te cargaba entre ojos    
o entre varillas      

Vulnerable sombra retinta
predice tu naufragio en la falda                
y pisa desde otro extremo
alegría de los tobillos          
Prófuga en jardín de espinas       
amarras alfileres en la piel craquelada
y descubres el arco iris de metal
que te acosa            

  

Esternón de plástico     
y boceto lastimado         
donde patinas cementerios        
el perdón de la matriz vacía      
tu otra parca    
frío que llegó con iceberg hosco
y sin mentira
desgasta los talones
 poco
                                                           
 a
                                                                        
 p
                                                                          
 o
                                                                               
 c
                                                                                   
 o       

atropellando a la madre

que zarpó sin hijos    




[Fragmento]



Libro: Sola, sin tu sombra





      

Saturday, July 29, 2017

Franz Kafka: Una hoja vieja



Es como si se hubieran descuidado muchas cosas para la defensa de nuestra patria. Hasta ahora nos hemos desentendido de ello y nos hemos dedicado a hacer nuestro trabajo, pero los acontecimientos de los últimos tiempos nos preocupan.
Tengo un taller de zapatería en la plaza que está ante el palacio imperial. Apenas abro mi tienda al amanecer ya veo los accesos de todas las calles que llegan hasta aquí ocupados por gentes armadas. Pero no se trata de nuestros soldados, sino, evidentemente, de nómadas del norte. De una forma incomprensible para mí se han abierto paso hasta la capital, que, sin embargo, está muy alejada de la frontera. En cualquier caso, están aquí y parece que cada día hay más.
Conforme a su modo de ser, acampan al aire libre porque detestan las casas. Ocupan su tiempo en afilar las espadas, sacar punta a las lanzas, hacer ejercicios a caballo. Han hecho un verdadero establo de esta tranquila plaza mantenida siempre escrupulosamente limpia. Bien es verdad que nosotros a veces intentamos salir de nuestras tiendas y quitar al menos la mayor parte de la basura, pero cada vez ocurre esto con menos frecuencia porque el esfuerzo es inútil y además nos pone en peligro de caer bajo los furiosos caballos o ser heridos por el látigo.
No se puede hablar con los nómadas. No conocen nuestra lengua y apenas tienen una lengua propia. Entre sí se entienden de una forma parecida a como lo hacen los grajos. Una y otra vez se oye ese grito de los grajos. Nuestra forma de vida, nuestras instituciones, les son tan incomprensibles como indiferentes. Por esta razón también se niegan a adoptar todo lenguaje por señas. Ya te puedes dislocar las mandíbulas o retorcerte las manos en torno a las muñecas, ellos no te han entendido ni jamás te entenderán. A veces hacen muecas, entonces el blanco de los ojos les da vueltas y les sale espuma por la boca; sin embargo, no pretenden decir nada con esto ni tampoco quieren asustar, lo hacen porque es su forma de ser. Toman lo que necesitan. No se puede decir que usen de la violencia; ante su intervención uno se echa a un lado y lo deja todo a su merced.
También han cogido más de una buena pieza de mis provisiones, pero no me puedo quejar de ello si veo cómo le va al carnicero. Apenas introduce sus mercancías ya se lo han arrebatado todo, y todo es devorado por los nómadas. También sus caballos comen carne. A veces un jinete está tumbado junto a su caballo y ambos se alimentan con el mismo trozo de carne, cada uno por una punta. El carnicero tiene miedo y no se atreve a poner fin al suministro de carne. No obstante, nosotros lo comprendemos, juntamos dinero y lo ayudamos. Si los nómadas no recibieran carne alguna, quién sabe lo que se les ocurriría hacer. De todas formas, quién sabe lo que se les ocurrirá hacer incluso consiguiendo diariamente la carne.
Hace poco el carnicero pensó que podría ahorrarse, al menos, el esfuerzo de matar, y por la mañana trajo un buey vivo. Jamás volverá a repetirlo. Yo permanecí tumbado aproximadamente una hora en la parte de atrás de mi taller, aplastado contra el suelo y con todas mis ropas, cobertores y almohadas colocados sobre mí, solo por no oír los mugidos del buey sobre el que se arrojaban los nómadas desde todas partes para arrancar con los dientes trozos de carne caliente. Ya hacía rato que todo estaba tranquilo antes de yo me atreviera a salir. Cansados, estaban tumbados en torno a los restos del buey como los borrachos alrededor de un barril de vino.
Precisamente en aquella ocasión me pareció haber visto al mismo emperador en una ventana del palacio. Nunca en otras ocasiones viene a estos aposentos exteriores, habita solamente el jardín más interior, pero, en esta, al menos, así me lo pareció, estaba en la ventana y miraba con la cabeza agachada lo que ocurría ante su palacio.
¿Qué ocurriría?, nos preguntamos todos, ¿por cuánto tiempo aguantaremos esta carga y este tormento? El palacio imperial ha atraído a los nómadas, pero no saben cómo expulsarlos de nuevo. La puerta permanece cerrada. La guardia, que antes entraba y salía desfilando solemnemente, permanece ahora detrás de las ventanas enrejadas. La salvación de la patria nos ha sido confiada a nosotros, artesanos y comerciantes, pero nosotros no estamos en condiciones de hacer frente a semejante misión, tampoco nos hemos vanagloriado nunca de ser capaces de ello. Esto es un malentendido y nosotros perecemos como consecuencia de él.





Friday, July 28, 2017

Elia Casillas: THE FISH ED

Ahm(necia)

To Monchito itches to an animal and dies. Mrs. Chila (her mother), sends somebody  to take photograph to him. Every time I play with Lupe, the first thing I see is the death of Monchito hanging on a portrait. Mrs. Chila's house no longer exists, I think she does not either, but I, every time I go to sleep, I still see the head of Monchito with his  flowers wreath  in the white box.

THE (FISH)





Extracción de la piedra de locura: Alejandra Pizarnik



Elles, les ámes (...), sont malades et elles souffrent et nul ne leur
porte-reméde; elles sont blessées et brisées et nul ne les panse.
RUYSBROECK

La luz mala se ha avecinado y nada es cierto. Y si pienso en todo lo que leí acerca del espíritu... Cerré los ojos, vi cuerpos luminosos que giraban en la niebla, en el lugar de las ambiguas vecindades. No temas, nada te sobrevendrá, ya no hay violadores de tumbas. El silencio, el silencio siempre, las monedas de oro del sueño.

Hablo como en mí se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz humana sino la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque.

Si vieras a la que sin ti duerme en un jardín en ruinas en la memoria. Allí yo, ebria de mil muertes, hablo de mí conmigo sólo por saber si es verdad que estoy debajo de la hierba. No sé los nombres. ¿A quién le dirás que no sabes? Te deseas otra. La otra que eres se desea otra. ¿Qué pasa en la verde alameda? Pasa que no es verde y ni siquiera hay una alameda. Y ahora juegas a ser esclava para ocultar tu corona ¿otorgada por quién? ¿quién te ha ungido? ¿Quién te ha consagrado? El invisible pueblo de la memoria más vieja. Perdida por propio designio, has renunciado a tu reino por las cenizas. Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes. No obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla de ti como si fuese una piedra a ella, tu solo privilegio. En un muro blanco dibujas las alegorías del reposo, y es siempre una reina loca que yace bajo la luna sobre la triste hierba del viejo jardín. Pero no hables de los jardines, no hables de la luna, no hables de la rosa, no hables del mar. Habla de lo que sabes. Habla de lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante de tus huesos, habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación, de tu traición. Es tan oscuro, tan en silencio el proceso a que me obligo. Oh habla del silencio.

De repente poseída por un funesto presentimiento de un viento negro que impide respirar, busqué el recuerdo de alguna alegría que me sirviera de escudo, o de arma de defensa, o aun de ataque. Parecía el Eclesiastés: busqué en todas mis memorias y nada, nada debajo de la aurora de dedos negros. Mi oficio (también en el sueño lo ejerzo) es conjurar y exorcizar. ¿A qué hora empezó la desgracia? No quiero saber. No quiero más que un silencio para mí y las que fui, un silencio como la pequeña choza que encuentran en el bosque los niños perdidos. Y qué sé yo qué ha de ser de mí si nada rima con nada.

Te despeñas. Es el sinfín desesperante, igual y no obstante contrario a la noche de los cuerpos donde apenas un manantial cesa aparece otro que reanuda el fin de las aguas.

Sin el perdón de las aguas no puedo vivir. Sin el mármol final del cielo no puedo morir.

En ti es de noche. Pronto asistirás al animoso encabritarse del animal que eres. Corazón de la noche, habla.

Haberse muerto en quien se era y en quien se amaba, haberse y no haberse dado vuelta como un cielo tormentoso y celeste al mismo tiempo.

Hubiese querido más que esto y a la vez nada.

Va y viene diciéndose solo en solitario vaivén. Un perderse gota a gota el sentido de los días. Señuelos de conceptos. Trampas de vocales. La razón me muestra la salida del escenario donde levantaron una iglesia bajo la lluvia: la mujer-loba deposita a su vástago en el umbral y huye. Hay una luz tristísima de cirios acechados por un soplo maligno. Llora la niña loba. Ningún dormido la oye. Todas las pestes y las plagas para los que duermen en paz.

Esta voz ávida venida de antiguos plañidos. Ingenuamente existes, te disfrazas de pequeña asesina, te das miedo frente al espejo. Hundirme en la tierra y que la tierra se cierre sobre mí. Éxtasis innoble. Tú sabes que te han humillado hasta cuando te mostraban el sol. Tú sabes que nunca sabrás defenderte, que sólo deseas presentarles el trofeo, quiero decir tu cadáver, y que se lo coman y se lo beban.

Las moradas del consuelo, la consagración de la inocencia, la alegría inadjetivable del cuerpo.

Si de pronto una pintura se anima y el niño florentino que miras ardientemente extiende una mano y te invita a permanecer a su lado en la terrible dicha de ser un objeto a mirar y admirar. No (dije), para ser dos hay que ser distintos. Yo estoy fuera del marco pero el modo de ofrendarse es el mismo.

Briznas, muñecos sin cabeza, yo me llamo, yo me llamo toda la noche. Y en mi sueño un carromato de circo lleno de corsarios muertos en sus ataúdes. Un momento antes, con bellísimos atavíos y parches negros en el ojo, los capitanes saltaban de un bergantín a otro como olas, hermosos como soles.

De manera que soñé capitanes y ataúdes de colores deliciosos y ahora tengo miedo a causa de todas las cosas que guardo, no un cofre de piratas, no un tesoro bien enterrado, sino cuantas cosas en movimiento, cuantas pequeñas figuras azules y doradas gesticulan y danzan (pero decir no dicen), y luego está el espacio negro -déjate caer, déjate caer-, umbral de la más alta inocencia o tal vez tan sólo de la locura. Comprendo mi miedo a una rebelión de las pequeñas figuras azules y doradas. Alma partida, alma compartida, he vagado y errado tanto para fundar uniones con el niño pintado en tanto que objeto a contemplar, y no obstante, luego de analizar los colores y las formas, me encontré haciendo el amor con un muchacho viviente en el mismo momento que el del cuadro se desnudaba y me poseía detrás de mis párpados cerrados.

Sonríe y yo soy una minúscula marioneta rosa con un paraguas celeste yo entro por su sonrisa yo hago mi casita en su lengua yo habito en la palma de su mano cierra sus dedos un polvo dorado un poco de sangre adiós oh adiós.

Como una voz no lejos de la noche arde el fuego más exacto. Sin piel ni huesos andan los animales por el bosque hecho cenizas. Una vez el canto de un solo pájaro te había aproximado al calor más agudo. Mares y diademas, mares y serpientes. Por favor, mira cómo la pequeña calavera de perro suspendida del cielo raso pintado de azul se balancea con hojas secas que tiemblan en torno de ella. Grietas y agujeros en mi persona escapada de un incendio. Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable mixtura. Yo restauro, yo reconstruyo, yo ando así de rodeada de muerte. Y es sin gracia, sin aureola, sin tregua. Y esa voz, esa elegía a una causa primera: un grito, un soplo, un respirar entre dioses. Yo relato mi víspera, ¿Y qué puedes tú? Sales de tu guarida y no entiendes. Vuelves a ella y ya no importa entender o no. Vuelves a salir y no entiendes. No hay por donde respirar y tú hablas del soplo de los dioses.

No me hables del sol porque me moriría. Llévame como a una princesita ciega, como cuando lenta y cuidadosamente se hace el otoño en un jardín.

Vendrás a mí con tu voz apenas coloreada por un acento que me hará evocar una puerta abierta, con la sombra de un pájaro de bello nombre, con lo que esa sombra deja en la memoria, con lo que permanece cuando avientan las cenizas de una joven muerta, con los trazos que duran en la hoja después de haber borrado un dibujo que representaba una casa, un árbol, el sol y un animal.

Si no vino es porque no vino. Es como hacer el otoño. Nada esperabas de su venida. Todo lo esperabas. Vida de tu sombra ¿qué quieres? Un transcurrir de fiesta delirante, un lenguaje sin límites, un naufragio en tus propias aguas, oh avara.

Cada hora, cada día, yo quisiera no tener que hablar. Figuras de cera los otros y sobre todo yo, que soy más otra que ellos. Nada pretendo en este poema si no es desanudar mi garganta.


Rápido, tu voz más oculta. Se transmuta, te transmite. Tanto que hacer y yo me deshago. Te excomulgan de ti. Sufro, luego no sé. En el sueño el rey moría de amor por mí. Aquí, pequeña mendiga, te inmunizan. (Y aún tienes cara de niña; varios años más y no les caerás en gracia ni a los perros.)

mi cuerpo se abría al conocimiento de mi estar
y de mi ser confusos y difusos
mi cuerpo vibraba y respiraba
según un canto ahora olvidado
yo no era aún la fugitiva de la música
yo sabía el lugar del tiempo
y el tiempo del lugar
en el amor yo me abría
y ritmaba los viejos gestos de la amante
heredera de la visión
de un jardín prohibido

La que soñó, la que fue soñada. Paisajes prodigiosos para la infancia más fiel. A falta de eso -que no es mucho-, la voz que injuria tiene razón.

La tenebrosa luminosidad de los sueños ahogados. Agua dolorosa.

El sueño demasiado tarde, los caballos blancos demasiado tarde, el haberme ido con una melodía demasiado tarde. La melodía pulsaba mi corazón y yo lloré la pérdida de mi único bien, alguien me vio llorando en el sueño y yo expliqué (dentro de lo posible), mediante palabras simples (dentro de lo posible), palabras buenas y seguras (dentro de lo posible). Me adueñé de mi persona, la arranqué del hermoso delirio, la anonadé a fin de serenar el terror que alguien tenía a que me muriera en su casa.

¿Y yo? ¿A cuántos he salvado yo?

El haberme prosternado ante el sufrimiento de los demás, el haberme acallado en honor de los demás.

Retrocedía mi roja violencia elemental. El sexo a flor de corazón, la vía del éxtasis entre las piernas. Mi violencia de vientos rojos y de vientos negros. Las verdaderas fiestas tienen lugar en el cuerpo y en los sueños.

Puertas del corazón, perro apaleado, veo un templo, tiemblo, ¿qué pasa? No pasa. Yo presentía una escritura total. El animal palpitaba en mis brazos con rumores de órganos vivos, calor, corazón, respiración, todo musical y silencioso al mismo tiempo. ¿Qué significa traducirse en palabras? Y los proyectos de perfección a largo plazo; medir cada día la probable elevación de mi espíritu, la desaparición de mis faltas gramaticales. Mi sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar. La luz, el vino prohibido, los vértigos, ¿para quién escribes? Ruinas de un templo olvidado. Si celebrar fuera posible.

Visión enlutada, desgarrada, de un jardín con estatuas rotas. Al filo de la madrugada los huesos te dolían. Tú te desgarras. Te lo prevengo y te lo previne. Tú te desarmas. Te lo digo, te lo dije. Tú te desnudas. Te desposees. Te desunes. Te lo predije. De pronto se deshizo: ningún nacimiento. Te llevas, te sobrellevas. Solamente tú sabes de este ritmo quebrantado. Ahora tus despojos, recogerlos uno a uno, gran hastío, en dónde dejarlos. De haberla tenido cerca, hubiese vendido mi alma a cambio de invisibilizarme. Ebria de mí, de la música, de los poemas, por qué no dije del agujero de ausencia. En un himno harapiento rodaba el llanto por mi cara. ¿Y por qué no dicen algo? ¿Y para qué este gran silencio?






De: Extracción de la piedra de locura







Thursday, July 27, 2017

Elia Casillas: FOR THIS HEBREW

The graveyard beats my race again,

     And I do not see the glow of the dress,

I have a drunk belly,

But I'm not on the hips

And my eyes

Are dismantled on the edge of the coffee.

I do not go, I do not stay,

This break is swirling,

It's my sharp doubt

Howling at the drug on his thighs.

Blistering the helplessness

And the echo of the void,

Why God is not  here!

Remove your words

And let the orgasms crash my pride,

I should have blinded the sneakers when you passed,

Since yesterday, I'm one more foot

Behind his fire.

Is eating me

And his babilla hurts,

Fate put him in these arms

And I delete it.

In this exile I eclipse,

I assure your image in the sound,

I am afraid of this hard fellowship

Where we are

Like two steaming droplets of copal

In the whirlwind of the ages.

I listen to every fragment of that long

litany,

The lips still have the chill of the back,

In the entrails a fire is ripening,

It's time to tune the belly

And riding a sky of Alondras
  
In the shadow of God.

He clasped his strand in his hands,

Its edges are slip

And quitapesares,

Sink my fingers in my nostalgia

And is pleased to shoot messages

Who steals the tenderness.

The dust of my poetry slides in the

    hat

And where they are, they are born


And they break mirrors that reflect nothing.




Book: FOR THIS HEBREW





Elia Casillas



El camposanto apalea mi raza nuevamente,

     y no veo el resplandor del vestido,  

tengo el vientre ebrio,

pero no estoy en las caderas

y mis ojos

se desmantelan en la orilla del café.

No voy, ni me quedo,

esta pausa es remolino,

es mi duda filosa

aullándole a la droga de sus muslos.

A la boca la ampolló el desamparo

y el eco del vacío,

¡aquí Dios no sirve!

quite sus palabras

y deje los orgasmos estrellándome el orgullo,

debí cegar las zapatillas cuando usted pasó,

desde ayer, soy un pie más

detrás su lumbre.

Está consumiéndome 

y su babilla duele,

el destino lo puso en estos brazos

y yo lo borro.

En este destierro me eclipso,

aseguro tu imagen en el sonido,

tengo miedo de esta dura comunión

donde quedamos

como dos gotas humeantes de copal

en el remolino de las eras.

Me escucho en cada fragmento de esa larga

letanía,

los labios aún tienen el escalofrío de la espalda,  

en las entrañas está madurando una hoguera,

es hora de afinar el vientre

y de montar un cielo de Alondras
 
a la sombra de Dios.    

Arrinconó en las manos su hebra,

sus aristas son desliz

y quitapesares,  

hunde los dedos en mi nostalgia

y se complace con disparar mensajes

que roba a la ternura.

El polvillo de mi poesía se desliza en el

    sombrero

y donde circulo, nacen


y se rompen los espejos que nada reflejan.



Libro: POR ESTA HEBRA





Monday, July 24, 2017

Elia Casillas

I alternated what remained in the coffin, with a faithful measure of the kilo occupied. I only left the time of Joaquín Sabina, the skin of foreigner, the remedies of Jaime Sabines and two autumn leaves. I do not need lumps, not even a gypsy profile. I only ask in the backpack the last dream, the sea, ah that sea, fish rings and mermaids, where the gulls still bring news of gods in the beak. Sea in me before birth, sand in every duel, turtles excited with their suckers that do not run anymore, without roses work their cemetery of shells, in each sacrificed child. Purple sunset, seductive sun, combustible lord of the work, lithograph of my flesh, palm trees, accomplices of drunks and needs of one another clueless,  palms of the red hill, doses of eroticism on the roof catwoman, troublemakers of dog confusions jolting him ardent to the night. Ghosts of the Port in drying clothes, sentinels of rivers and enchanted houses consult kisses in lanterns a day of dead.



San Luis Potosí, San Luis Potosí. April / 27/2004






Saturday, July 22, 2017

Elia Casillas: Ni de aquí, ni de allá


Quiero contarles algo, si publico fotografías y de casualidad son sus parientes, no piensen que busco ganarme su cariño, su amistad, su confianza o que vayan a mis presentaciones. La verdad no me interesa andar de caime bien, nunca me importó. De alguna manera, sus familiares tocaron mi vida, los conocí, los observé, estuve ahí. Cuando voy a Puerto Vallarta, estoy siempre con mi raza porque duro mucho sin ir y mi deseo es andar con ellos. De vez en vez, me toca encontrarme con alguien o invitar a algún amigo a una fiesta, pero la verdad no procuro a la gente; por eso, hago alboroto cuando presento mis libros, porque es un pretexto para estar con ustedes. No imaginan lo feliz que me hace verlos, no, no lo imaginan. A veces, sin querer me doy cuenta de sus malos comentarios y también me gustaría que sepan que, estoy acostumbrada, en cuestiones literarias, hay mucha ignorancia, y como en aquellos años en los que vivía en Vallarta, muchos ni siquiera sabían en todo lo que andaba, porque, yo tampoco estuve al tanto de sus vidas, realmente atesoré pocos amigos, pero muy buenos maestros. Aquí (en Sonora), tampoco soy popular, para los sonorenses, soy una extranjera, y cuando voy a Puerto Vallarta, me siento igual, ya que ni pertenezco a esta tierra, ni a Vallarta. Las personas que laboran en Cultura (en Puerto Vallarta, Jalisco), siempre se han empeñado en hacer de mis presentaciones un lío, y eso duele, ya que la gente que me ha cerrado las puertas, ni siquiera son Patasaladas, como yo. No le dan publicidad a mis presentaciones, no invitan a la prensa, he pasado como un fantasma por mi tierra, igual que mis libros. No es fácil hacer un libro, y yo los armo, los edito, porque es una manera de recuperar la inversión y ganar más, que con las regalías de una editorial. Pero Mi Padre, Dios, me dio inteligencia, y no saben qué bien se siente decir: edito mis libros. A mí sólo me quiere Dios y uno que otro mortal y como lo tengo a Él, es muy difícil que me dé por vencida. Puerto Vallarta no tiene escritores, no hay gente para una presentación digna, no los hay, se los digo yo, que ando en este oficio, entonces, cuando me preguntan quién va a estar conmigo en la mesa, les digo que busquen, no lo hacen, no lo hacen porque no tienen de dónde agarrar, y yo tengo amigos muy capaces, escritores, buenos escritores pero radican en CDMX o Guadalajara y tampoco quieren correr con los gastos para traerlos. Entonces, por su incapacidad o porque no saben trabajar, no les gusta o no les da la gana, lo culpan a uno de sus mediocridades, luego, tengo que sondear entre ustedes, buscar a alguien para lea el prólogo del libro. Esta vez, me ayudó el maestro Ramon Gonzalez Lomeli y su equipo, no me quejo. En otras ocasiones, Arturo Dávalos Peña me echó la mano. Y no defiendo a Arturo en las redes porque le deba algo, él cumplió con su deber y eso si agradezco. Lo defiendo porque lo sigo en las redes, ya que es una forma de estar cerca, de ver las calles, las avenidas, observar el entusiasmo con que trabaja por nuestro pueblo. Dos de mis libros se han presentado en la FIL (POR ESTA HEBRA y Sola, sin tu sombra) y uno de ellos en la Feria del Libro del Palacio de Minería (POR ESTA HEBRA). Es un logro pequeño, pero, no cualquiera llega a esos cielos. Ahora que fui con mi libro de micro cuentos LA (PESCA) DA, me ayudó Julia BaumgartenAntonia Carrillo PerezLupilau Zatarain, ellas anduvieron conmigo y llevaron bocadillos, y eso, es una bendición. No lloro, no me siento triste porque algunos de ustedes no fueron, no asistió ni siquiera gran parte de mi familia y, siempre recordaré las palabras de un maestro: Elia Casillas ¿quieres saber cuántos amigos tienes? Presenta un libro.



Franz Kafka: El paseo repentino




 Cuando por la noche uno parece haberse decidido terminantemente a quedarse en casa; se ha puesto una bata; después de la cena se ha sentado a la mesa iluminada, dispuesto a hacer aquel trabajo o a jugar aquel juego luego de terminado el cual habitualmente uno se va a dormir; cuando afuera el tiempo es tan malo que lo más natural es quedarse en casa; cuando uno ya ha pasado tan largo rato sentado tranquilo a la mesa que irse provocaría el asombro de todos; cuando ya la escalera está oscura y la puerta de calle trancada; y cuando entonces uno, a pesar de todo esto, presa de una repentina desazón, se cambia la bata; aparece en seguida vestido de calle; explica que tiene que salir, y además lo hace después de despedirse rápidamente; cuando uno cree haber dado a entender mayor o menor disgusto de acuerdo con la celeridad con que ha cerrado la casa dando un portazo; cuando en la calle uno se reencuentra, dueño de miembros que responden con una especial movilidad a esta libertad ya inesperada que uno les ha conseguido; cuando mediante esta sola decisión uno siente concentrada en sí toda la capacidad determinativa; cuando uno, otorgando al hecho una mayor importancia que la habitual, se da cuenta de que tiene más fuerza para provocar y soportar el más rápido cambio que necesidad de hacerlo, y cuando uno va así corriendo por las largas calles, entonces uno, por esa noche, se ha separado completamente de su familia, que se va escurriendo hacia la insustancialidad, mientras uno, completamente denso, negro de tan preciso, golpeándose los muslos por detrás, se yergue en su verdadera estatura.
Todo esto se intensifica aún más si a estas altas horas de la noche uno se dirige a casa de un amigo para saber cómo le va.